miércoles, 29 de agosto de 2018

EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA MATERIALISTAS. EL DIÁLOGO (IM)POSIBLE ENTRE PIERRE HADOT Y MICHEL FOUCAULT

Reseña en DORSAL. Revista de estudios foucaultianos nº 4

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Ejercicios espirituales para materialistas: El diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault. 

Luis Roca Jusmet. 
Barcelona, Terra Ignota Ediciones, 2017. 


 Escrito por Sergio Adrián Palacio Tamayo

 El libro Ejercicios espirituales para materialistas: El dialogo (im) posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault, del profesor Luis Roca Jusmet, está estructurado en cuatro capítulos y un epílogo crítico sobre la posibilidad actual de una filosofía como forma de vida. El primer capítulo contiene una introducción general a las biografías de Pierre Hadot y Michel Foucault. En los dos capítulos siguientes se exponen por separado la filosofía como forma de vida (Hadot) y la filosofía como cuidado de sí (Foucault). El cuarto capítulo imagina un diálogo (im) posible entre Pierre Hadot y Foucault. Estudia la crítica que hace Hadot, tanto a la metodología de abordaje de los textos antiguos como al concepto de estética de la existencia de Foucault, y explicita elementos de política y estética en los dos autores. Tanto en este capítulo con en los dedicados a los dos autores se centra en los conceptos Ejercicio espiritual y Tecnologías del yo, pero alude a ellos desde un modo descriptivo. Al final tiende más hacia Foucault por ser su una filosofía que analiza la verdad para entender los regímenes humanos y a la vez, es ontología del presente. Sin embargo, su verdadera discusión es rechazar una filosofía como forma de vida o algún tipo de estética de la existencia desde un carácter materialista que se resalta en el título. Esto da a entender que pese a no concebir un aspecto estético, religioso o trascendente a la práctica de la filosofía si da consentimiento para admitir que tanto los ejercicios espirituales como las tecnologías del yo son motores que sirven al sujeto a para desarrollar su pensamiento lo que daría cierto interés a la vida. El profesor Roca reconoce que el ejercicio espiritual es justificado por Hadot en la medida que responde a una integración de tres tipos de ejercicios que han sido definidos antes por otros historiadores: ejercicios de meditación, ejercicios intelectuales y ejercicios morales o éticos. El concepto ejercicio espiritual los reúne en su dispersión y asegura un espectro más amplio para comprender los textos antiguos. Principalmente porque Hadot centra su argumento en el hecho de que el ejercicio equivale a un cambio de visión de mundo y a una metamorfosis a conquistar gracias a la fuerza de la practica disciplinada exigida por las escuelas filosóficas antiguas. Los ejercicios guían al sujeto hacia un espacio interior que contribuye a que el yo adquiera la capacidad de asimilar la distancia suficiente ante el mundo para vislumbrar su pertenecía a un Todo, lo que inevitablemente señala un grado de misticismo. Por otro lado, Roca reconoce que la apuesta de Foucault es tremendamente opuesta a la de Hadot aunque compartan un interés por el tema de la filosofía antigua. Para Foucault los textos antiguos son fuentes para comprender la genealogía de las técnicas del cuidado de sí, vistas como prácticas que transforman el yo (Tecnologías del yo) y se vinculan a la relación maestro y alumno, en el sentido filosófico antiguo. La fuerza del argumento descansa en que esa filosofía se dispone como un arte que se ocupa de los argumentos comprometidos con la verdad. En ello el sujeto confronta, bajo la coherencia intelectual de una escuela filosófica que le guía, la tiranía de los sistemas de poder propios de la convención y la costumbre. Bajo esa actitud podrá cuidar de sí, de su pensamiento y formará una comunidad de seres que se disponen a hacerse cargo de la ciudad, los otros, de sí mismos. Así, las tecnologías del yo se dirigen a provocar la aparición de verdades ante sí mismo que de otra manera no surgirían. El interrogatorio judicial, la anamnesis psiquiátrica, la confesión cristiana son tecnologías del yo que obligan al sujeto a descubrir para sí mismo y ante otros, una verdad que al ser develada provoca un cambio actitud ante sí mismo. Serán tecnologías que revelan al yo la realidad de sectores del mundo y de sí mismo que se asumen como garantes de verdad, de conocimiento espiritual. Así mismo, cuando el filósofo francés alude a las tecnologías del yo está indicando que las transformaciones que se dan en el sujeto siempre tienen amarras terrenales que le evitan ascender a ese misticismo que propone Hadot. Por tanto, mientras esté ultimo nota una verdad trascendente en la filosófica como forma de vida, Foucault precisa que el cuidado de sí, fue en principio un precepto reducido a unas elites capaces de sostener acciones de ocio encaminadas a la espiritualidad. Esa mirada elitista, restringida y acorde a un grupo de gente capaz de destinar su vida a estas prácticas, involucraba disfrutar una condición especial que sostuviera esta elección y al no tenerla, las condiciones para acceder al grupo dependían de las relaciones de amistad. Más tarde, estás prácticas del cuidado de sí, se diversificaron con la asimilación de la filosofía antigua en el cristianismo lo que significó una apertura para el sujeto que pudo buscar en sí mismo la verdad y con esto asimilar la vida bajo el criterio de verla como una estética del cuidado de sí. En definitiva, es necesario tener claro que tanto Hadot y como Foucault, estudian esta forma de vida filosófica o la estética de la existencia, con la intención de confrontarlas con la actualidad ética. Sin embargo,conservan un esfuerzo metodológico para observar la filosofía antigua en su contexto histórico. Finalmente, luego de discutir a los dos autores, en el Epílogo del libro, el catedrático Luis Roca Jusmet formula un no rotundo para una filosofía como forma de vida (Hadot) o la estética de existencia (Foucault). Es necesario ver que más allá de la propuesta materialista de Roca, en cuanto a no aspirar una filosofía que transforme la vida, queda abierta la interpretación de por qué esforzarse por una lectura atenta de los dos autores a los que dedica el libro, cuando al final su orientación llama a los que no siguen una religión, no creen en ningún Dios ni asumen la inmortalidad del alma o dudan de su existencia. La respuesta es porque pese al materialismo expreso existe intención por el trabajo interior lo que revindica al considerar que prácticas como la lectura, la escritura, el examen de conciencia, vivir el presente y la visión global son importantes estrategias para dar lucidez al pensamiento filosófico lo que convierte la vida en algo interesante y no en una forma de vida. Sin embargo, es necesario explicar qué entienden Hadot y Foucault con esto. Consideran que la filosofía antigua está al servicio de los seres humanos y destinada a satisfacer necesidades profundas de entendimiento de las perplejidades que la vida propone a cada uno. Radica además en entender que las escuelas filosóficas helenísticas conciben un filósofo capaz de curar como médico compasivo las vicisitudes abundantes del sufrimiento humano: el temor a la muerte, el amor, la sexualidad, la cólera, la agresión, las pasiones. Al preocuparse por el estado de los deseos y el pensamiento de los discípulos de cada escuela se ven directamente involucrados en el estudio de la psicología humana. Comprometen en este acercamiento la apertura a conocer los aspectos intangibles del alma, pero manifestados en una red de emociones, pasiones, ideas que se reconducen por medios de estrategias hacia el propio sujeto con el fin de obtener autoconocimiento. Estas estrategias interactivas, pedagógicas, retóricas, literarias, morales, son los ejercicios espirituales (Hadot) o las técnicas de sí (Foucault). Además, ambos autores ponen su atención sobre la situación inestable que se daba en el período que comprende el helenismo. Esa vida humana que se intenta comprender responde a la distancia de los dioses, la inestabilidad política tras la muerte de Alejandro Magno, la alteración de la vida en los grandes centros de pensamiento del imperio, el surgimiento del cristianismo y una profunda crítica social. Estas escuelas helenísticas comparten una elevada preocupación por la vida de los apegos, la perdida y el sufrimiento humano. En ese orden de ideas, las escuelas filosóficas antiguas ofrecerán un lugar con las condiciones necesarias para la buena vida de los seres humanos a los que la sociedad en decadencia hace sufrir. De ese modo comprendemos que sí Aristóteles le asigna a la política la labor de brindar a la gente las condiciones para prosperar y llevar una vida feliz, los estoicos, cínicos y epicúreos, se comprometen a un valor intrínseco con la acción política que les hace indiferentes ante las situaciones mundanas, enfocados en buscar la vida feliz y la realización plena de la humanidad exigiendo el cambio interior. Ven que la transformación es posible cuando el deseo y el pensamiento, habitualmente estructurado dentro de la sociedad, se ve confrontado por nuevas formas de ruptura. Sus terapias filosóficas describen y dan forma a la educación como forma ideal de comunidad. Con su actitud de oponerse, mostrar y denunciar las estructuras que deforman la actitud filosófica como forma de vida o estética de la existencia, emprenden una nueva representación del filósofo que estaría más conectado con verdades trascendentes. Con lo anterior Roca concluye que la interpretación de la filosofía antigua que hace Foucault es más sostenible para comprender la ética del presente en comparación con la propuesta de Hadot. Según el catedrático, Hadot no hace más que una idealización de aquel pensamiento, que es leído con visión mística y melancólica, lo que puede ser discutible en cierto grado. Si bien es innegable que Hadot idealiza la práctica de una filosofía como forma de vida también es innegable que la fortaleza de su estudio subyace en un método filológico que se esfuerza, no sólo por recomponer el texto en su historicidad, sino por una hermenéutica que responde ante la reconstrucción del proceder filosófico en la antigüedad, respetando los límites de cada escuela filosófica. Los textos antiguos son la fuente para trazar una línea de espiritualidad filosófica que deviene desde la antigüedad como una forma de vida. Precisamente este es el hilo que sigue el filósofo francés para salir del laberintico mundo en el que se sumió el estudio de este tipo de textos antiguos. A menudo deja claro las particularidades de estudiar la aparente incoherencia de ciertos filósofos antiguos y se detiene en mostrar que en realidad en aquella filosofía no se buscaba una teorización filosófica sino una guía espiritual para formar el espíritu e indicar modos de vivir que se iban perfeccionado siguiendo ejercicios espirituales dispuestos por cada una de las escuelas. Por ello, tanto el contenido emocional/afectivo y el contenido conceptual de cada ejercicio es diferente. Los estoicos se someten al destino: a lo que está o no está en sus manos para paliar su fuerza. Los epicúreos buscan serenidad y desapego por lo que siendo hedonistas precisan que el placer es responder a un límite natural que abastece al hombre hasta lo suficiente y cualquier desborde ante esto causa dolor. La concentración mental y la renuncia al mundo sensible es la orientación elegida por los platónicos. Todas las escuelas nombradas, incluyendo a otras como la Secta del perro (Cinismo), recurren no sólo a ejercicios espirituales  propios sino a recursos comunes de oratoria, retórica, dialéctica, control del lenguaje interior, meditación, concentración mental que son la base de sus propuestas pedagógicas forjadas para realizar y mejorar al filósofo que elige esa forma de vida. En ese orden Hadot en sus textos más tempranos, precisamente en su artículo de 1981 Exercices spirituels et philosophie Antique, recaba en estos ejercicios de las escuelas filosóficas antiguas que se orientan a cuatro objetivos: aprender a vivir, aprender a dialogar, aprender a leer y aprender a morir. Hadot está indicando la profesionalización de la práctica espiritual donde el ejercitante a igual que un deportista de alta competencia ya ha alcanzado logros significativos en su quehacer. Ha generado hábitos capaces de hacer creer que el ejercicio contiene una facilidad que cualquiera podría replicar con simple disposición. Comprendemos que el principio básico de los ejercicios, al cual se dirige al estudiante y donde él está siendo iniciado, necesita un comienzo con cosas sencillas de meditar lo que va creando un implante paulatino del hábito de ejercitarse siguiendo los preceptos de la escuela que le está recibiendo. Por ello cuando Hadot propone estos cuatro objetivos se refiere ya a un carácter asimilado de los ejercicios dispuestos para saber vivir, escuchar, leer y morir. Estos últimos son entendidos por Roca en términos modernos, pero en realidad Hadot los ubica como eran en la antigüedad. Un ejemplo de ello es el caso de Meditaciones de Marco Aurelio interpretado por Hadot. La filosofía propuesta en este texto que no es un diario sino fundamentalmente una guía espiritual y, por tanto, en él se frecuenta un “dogma” o mejor, los postulados del estoicismo que podían ser leídos, escritos o recitados (leer, escuchar y recitar son tres ejercicios espirituales). Todo ello con el fin de transformar el alma del discípulo. Esa guía filosófica, además de llevar períodos largos de estudio y de reflexión, siempre tendía a retornar de manera constante a unos dogmas fundamentales, escritos en frases breves. Son sentencias que están a la mano para que el practicante pueda acceder a ellas y practicar constantemente sus ejercicios. Con ese alcance, el texto filosófico de Marco Aurelio es una metodología para llevar a cabo diversos ejercicios espirituales de la escuela estoica y serían un modelo para comprender la manera de proceder en las distintas escuelas filosóficas antiguas que, pese a no ser similares a la estoica, si presentan ejercicios parecidos donde ratifican la intención de memorización de dogmas con el fin de aplicarlos en cualquier momento de la vida. 

martes, 28 de agosto de 2018

ENTREVISTA A LUIS ROCA JUSMET SOBRE SU LIBRO "EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA MATERIALISTAS: EL DIÁLOGO (IM)POSIBLE ENTRE PIERRE HADOT Y MICHEL FOUCAULT

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Salvador López Arnal

( La entrevista ha salido publicada en El Viejo Topo de diciembre de 2017 y posteriormente en la página web del sitio Rebelión del 2-1-2018) 


MI enhorabuena por tu último libro. Me centro en él si te parece a lo largo de la conversación con algún excursus. ¿Ejercicios espirituales? ¿Qué es eso de ejercicios espirituales? Los recomiendas o sugieres para materialistas. ¿Quiénes son los materialistas? ¿Cómo defines o acotas la noción materialista? Por lo demás, ¿los materialistas no practican esos ejercicios? ¿Están más atentos a la vida no espiritual?El subtítulo del libro es: “Un diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault? No creo que sea necesario presentar a Foucault, pero tal vez sí a Pierre Hadot. ¿Quién fue Pierre Hadot?

Muchas gracias, Salvador. Antes que nada decirte que para mí es un placer y un honor que me hagas esta entrevista, que como todas las tuyas están llenas de inteligencia y son, perdóname la broma, todo un ejercicio espiritual.
Pierre Hadot (1922- 2010 fue un importante filósofo francés e historiador de la filosofía cuyo planteamiento nuclear es que la filosofía fue para los antiguos un conjunto de prácticas para vivir mejor. A estas prácticas, que enseñaban a mirar, a pensar y a actuar, Pierre Hadot les llamó ejercicios espirituales para reforzar su carácter integral, no exclusivamente intelctual. Aunque conocía el peligro de quedar asociarlo a prácticas religiosas asumió el riesgo. Por otra parte consideraba que los cristianos, y dentro de ellos los jesuitas, se apropiaron estas prácticas de escuelas alejandrinas y romanas para ponerlas a servicio de sus fines.  
El término materialista la tomo en un sentido muy amplio para refierirme a todos aquellos que, aunque no siguen una religión ni creen en ningún tipo de Dios o de alma inmortal, les interesa el trabajo interior. Aunque acepto que tanto el término materialista como el de su contrario, espiritualista, son conceptualizaciones algo burdas, sin matices. El título tiene algo de paradójico que me pareció sugerente. El utilizar la palabra materialista para referirse a gente que solo piensa en el dinero y los bienes materiales ayuda a una confusión que quería cuestionar.
El mismo Michel Foucault, con una trayectoria tan antiespiritualista, adopta, en sus curso “Hermenéutica del sujeto”, el término ejercicos espirituales para referirse a las artes de la existencia alejandrinas y romanas. Jean Allouch, psicoanalista lacaniano y admirador de Foucault, escribe un tiempo después un libro con un título provocador ¿ Es el psicoanálisis un ejercicio espiritual ?.


¿De dónde y por qué este diálogo entre figuras filosóficas tan distintas entre sí cuanto menos de entrada?

Como señalo en el libro, Michel Foucault, que no tenía nada que ver filosofica o vitalmente con Pierre Hadot, se ineresa por Pierre Hadot cuando a principios de los 80 sus investigaciones le llevan a estudiar las escuelas helenístico-romanas. Su admiración por Pierre Hadot llevará a Foucault a proponerlo como titular para la cátedra que quedará en el Collège de France. Solo se vieron un par de veces.

Tomando pie en el hinduismo sostienes, son casi tus primeras palabras, que estamos viviendo en una época de gran confusión. ¿Por qué, dónde observas esa gran confusión?

La afirmación que vivimos en el Kali-Yuga la saqué de un libro de tradicionalista francés, nacido a finales del siglo XIX, René Guenón. Que aparecía en un curioso libro que se llamaba El Reino de la Cantidad y el Signo de los Tiempos. Se me quedó grabado y me parece que define bien lo que algunos sociólogos han formulado como sociedad líquida. Fenómeno que ya apuntaba el mismo Marx cuando decía que en el capitalismo todo lo sólido se desvanece. Quiere reflejar, en definitiva, el desconcierto que existe en las sociedades actuales.



Afirmas que la principal trampa que nos acecha es caer en fundamentalismos. ¿Cuándo caemos en ellos? Cuándo hablamos de fundamentalismos, ¿de qué estamos hablando?

Un interesante filósofo francés del siglo pasado, Claude Lefort, señalaba que frente a la disolución de las jerarquías de las sociedades tradicional aparece en la sociedad moderna la indeterminación. Indeterminación quiere decir que hay que asumir la responsabilidad de uno mismo. Pero como ya apuntó Erich Fromm esto generaba en muchos casos, tanto individuales como sociales, miedo a la libertad. Ganar libertad quería decir perder seguridad psicológica y no siempre se estaba preparado para hacerlo. Fromm quiso con ello explicar la adhesión de las masas al nazismo. Este sería un ejemplo. Buscar un guía, un líder con el que identificarnos y al que obedecer que nos oriente en la vida. Hoy lo vemos en los fundamentalismos religiosos ( no solo el islámico, ojo, también en el judaísmo o en el cristianismo). Pero también en el auge de los nacionalismos y populismos.

En este libro, sostienes, quiero adentrarme en las artes de la existencia tal y como la propusieron los antiguos. ¿Qué es eso de las artes de la existencia? ¿La existencia tiene artes que nos ayudan a transitar por ella ? ¿ Cuando hablas de antiguos ¿en qué autores piensas? ¿En los clásicos griegos? ¿No exageramos su importancia para nuestro hoy? ¿Qué tiene que ver la Atenas del -IV con la Barcelona, Madrid o París del XXI?

Sobre todo me refiero, como hacen Foucault y Hadot, a las escuelas alejandrinas y romanas, especialmente al estoicismo. Como señalo en el libro Pierre Hadot cae en una cierta ilusión al querer volver al sabio-filósosofo. Foucault es más escéptico, aunque considera que podemos aprender cosas de elloa que pueden ayudarnos hoy a construirnos como sujeto éticos. Artes de la existencia serían, desde ejercicios como la lectura o la escritura, el examen de conciencia para ir revisando nuestras prácticas cotidianas, la atención plena en todo lo que hacemos, el ser capaz de distanciarnos de nuestras circunstancias para verlas con más perspectiva. Para Foucault la ética es la práctica de la libertad y esta solo es posible cuando no somos esclavos ni de de los otros ni de nosotros mismos ( de nuestras pasiones.)





Irrumpe en varias ocasiones en el libro el concepto de filosofía como forma de vida. ¿Toda filosofía, todo filosofar lleva implícito una forma de vida? ¿Qué es una forma de vida ?

Una forma de vida es una manera de ver, de pensar, de sentir y de actuar. Pierre Hadot considera que los antiguos es lo que buscaban en la filosofía y que algunos modernos lo han mantenido. Él mismo quiere mantener viva esta llama. Foucault no lo comparte. Habla, por un lado, de la filosofía como ejercicio crítico y por otro de las tecnologías del yo para el ciudado de uno mismo ( que a veces también llamó ejercicios espirituales). Filosofía como forma de vida es una apuesta fuerte : el conocimiento determina la acción. Es posible que esto esté en los antiguos pero no en los modernos. Hadot tiene melancolía con los antiguos y Foucault radicaliza su modernidad.

Reconoces el magisterio de dos filósofos andaluces: José Luis Moreno Pestaña y Francisco Vázquez García, el autor del prólogo. ¿Has salido alumno suyo? ¿Dónde se ubica su magisterio en tu obra y en tus intereses intelectuales? ¿Qué te interesa más de su filosofar, un filosofar que, acaso como el tuyo, no arroja al campo de lo inválido aproximaciones sociológicas?

Bueno, yo no diría magisterio, más bien hablaría de influencia. Los he conocido a los dos tardíamente y he aprendido leyéndolos y conversando con ellos. Nos une, ciertamente, el interés por Foucault y la idea de que la filosofía no es comentario de texto ni debe encerrarse en su propia tradición. Que debe dialogar con otras disciplinas, como la sociología. Ellos me enseñaron una perspectiva diferente de Foucault de aquella en la que lo había conocido, a través de Miguel Morey. Morey tenía una visión más literaria, más nietzscheana, más deleuziana de Foucault. Tanto Francisco Vázquez García como José Luis Moreno Pestaña lo entendían de una manera más analítica, más crítica .más vinculado a otros maestros que tuvo, como el médico y filósofo de la ciencia Georges Canguilhem o incluso a la filosofía analítica.

Destacas la deuda de Foucault con Jean Hyppolite, reconocida por el primero. ¿Dónde la observas tú? ¿Hyppolite no era un pensador sustancialmente hegeliano?

Creo que lo que hizo Jean Hypollite fue despertarle la pasión filosófica. Como filósofo inteligente, Hypollite no era un hegeliano sino alguién que había trabajado de manera muy profunda y singular a Hegel, al igual que otro filósofo muy influyente para su generación y la anterior, Alexandre Kojève. En todo caso Foucault nunca fue, en ningún sentido, hegeliano.

lunes, 27 de agosto de 2018

LA LUCIDEZ DE LA MIRADA : POR UNA HERMENÉUTICA DE LAS ARTES DE LA EXISTENCIA

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Reseña de

Ejercicios espirituales para materialistas. El diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault

Luis Roca Jusmet
( Prólogo de Francisco Vázquez García )
Barcelona : Terra Ignota, 2017


 Escrito por Víctor Hugo López Martín

( Aparecida en la revista El Viejo Topo y en el sitio web Rebelión)

Este “libro-experiencia” de Luis Roca Jusmet, escrito desde una serena lucidez y un sobrio rigor, nos sirve como “caja de herramientas” para orientarnos en un mundo, el nuestro, sumido en un profundo nihilismo, una insoportable mediocridad y un lamentable hastío…esto es, en un mundo falto de creatividad, de inteligencia; de vida. Y es aquí donde su obra cobra sentido, en tanto que propone una relectura de las “artes de la existencia” de los filósofos antiguos, una nueva mirada a esas “artes de la vida” del mundo grecolatino, a partir de las fértiles y disímiles interpretaciones de Pierre Hadot y Michel Foucault, interpretaciones propiciadas, en parte, por el diálogo filosófico que ellos mismos mantuvieron en vida, interpretaciones, también, enriquecidas por nuestro autor, que prolonga el diálogo al imaginarlo más allá del ámbito de lo posible, poniendo en valor la afirmación de otro diálogo, esta vez el que establecen “Ernest” y “Gilbert” en “El Crítico como Artista” de Oscar Wilde, donde el literato defiende que no hay creación sin crítica, y, a su vez, que no hay crítica sin creación.
Para llevar a cabo tal empresa, primero se comparan las “aventuras filosóficas” del “estoico”, racional, paciente y meticuloso Hadot, que denominará a las artes de la vida “ejercicios espirituales” y del genial, intuitivo, transgresor y “cínico” Foucault, que rebautizará esas artes de la existencia con el nombre de “tecnologías del yo”. Irá desglosando esas aventuras, elaborando así las “biografías intelectuales” de sendos pensadores. El resultado es el cumplimiento del archiconocido dictum de Horacio, el “prodesse et delectare”, pues el autor nos brinda la oportunidad, a través de un interesante ejercicio de “sociología de la filosofía”, de profundizar en la “experiencia interior” de los dos pensadores franceses. Así las cosas, se nos recordará que el interés de Hadot por tales artes de la vida de la antigüedad clásica nace a partir del estudio de Marco Aurelio y Sócrates, siendo su formación escolástica la llave de acceso que le hará (re)descubrir la filosofía antigua, sobre todo el neoplatonismo y el estoicismo, pues realizará su tesis doctoral sobre un neoplatónico como Marco Victoriano para posteriormente sumergirse en otro como Plotino, de ahí la importancia del concepto de “conversión”, mediante la cual el “saber metafísico” nos transformaría interiormente, entrelazando así Bien y Verdad. También, que leerá la poesía de Rilke y la mística española de San Juan de la Cruz o Teresa de Ávila y que se formará en París bajo la línea filosófica neotomista de Paul Henry, línea desde la cual se abrirá a un existencialismo humanista cristiano, representado por la figura de Jacques Maritain, sin olvidar su pasión por la filosofía de Nietzsche y Heidegger, pasión compartida con Foucault y que el autor examinará pormenorizadamente.
De Michel Foucault se nos dirá que es en la década de los 80 cuando se centrará en los textos antiguos, cuando reflexionará sobre el mundo griego (sobre todo el helenístico-alejandrino), el romano y el del cristianismo primitivo. Este “último Foucault” es el que importa, pues es la época en que estudia esas artes de la existencia, esas arte de la vida, y ello a través de los cursos del Collège de France; primero con “El Gobierno de los Vivos” (1979-80), clave en tanto que nos habla de esos ejercicios espirituales en relación a la “invención de la subjetividad”, a la construcción -que no al descubrimiento- del yo, y, más tarde, con “La Hermenéutica del Sujeto”, (1982) donde relaciona el “conocimiento de sí” (gnóthi seautón) con el “cuidado de sí” (epimeleia heautou), cuidado de sí que implicará unas “tecnologías del yo”, unas técnicas y un “trabajo ascético” que no harán más que poner de relieve la cuestión de la relación entre el sujeto y la verdad, relación condicionada por “campos de saber”, mediados, a su vez, por otras “relaciones de poder”.

miércoles, 15 de agosto de 2018

UNA INTELIGENTE RESEÑA SOBRE EL LIBRO



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Es siempre grato encontrar un libro como el de Luis Roca Jusmet. Poseyendo el rigor de una monografía se desarrolla con la desenvoltura de quien practica con libertad ese ejercicio de lectura interminable que es la filosofía. Y lo hace comparando un autor tan conocido y celebrado como es Foucault y un autor y filósofo menos conocido como es Hadot. El libro aporta por un lado una información muy necesaria para dar a conocer este último, y por otro y a la vez un acercamiento al llamado último Foucault, a partir del interés común entre ambos en torno a la construcción de la subjetividad tras la tormenta posmoderna. El lector puede hacer un muy grato recorrido por los avatares biográficos y filosóficos de ambos autores, por sus puntos de encuentro y sus no pocas diferencias, orígenes y trayectorias. Solo con eso estaríamos ya ante una obra notable, pues constituye una excelente y breve introducción a ambos, más necesaria si cabe en el caso de Hadot, pero igualmente valiosa y útil para el caso de Foucault, teniendo en cuenta la perspectiva desde la que se aborda, que es el énfasis en ese llamado último Foucault y que rompe con algunos de los estereotipos, o ayuda a hacerlo, acerca de ese Foucault posmoderno tan celebrado en medios académicos y por otra parte tan alejado de lo que fue su verdadera trayectoria y sobre todo su evolución en los últimos años de su vida.
Pero la elección de esos dos autores no es caprichosa ni arbitraria y obedece a uno de los elementos que constituye la razón de ser del libro y que no es otro que una determinada apuesta acerca de cómo entender la filosofía y de hacer de ella un saber para la vida, que el autor explicita y defiende de modo brillante en las últimas páginas de la obra. El título es muy afortunado en ese sentido, pues en efecto se trata de una especie de ejercicios espirituales para materialistas, aspecto este, el materialista, tal vez más claro en el caso de Foucault que en el de Hadot, procedente del mundo religioso y a la luz que aporta Roca Jusmet, cuya condición materialista no parece tan clara como en el caso de Foucault. De hecho, Roca Jusmet, tras la breve introducción en la que despliega la vida y obra de ambos y tras detenerse en lo que comparten y en sus escasos encuentros, dedica una parte considerable de su escrito a señalar por un lado las diferencias y divergencias entre ambos, y por otro, a un hipotético y posible diálogo ficticio entre ambos, en un capítulo final en el que esas diferencias le sirven como plataforma para expresar su propia concepción acercad de cómo entender la filosofía o para proponer una modo de establecer las relaciones entre ética, política y moral.
Ese terreno común entre Foucault y Hadot es, como digo la perspectiva desde la que el autor es capaz de alinearlos: la idea de una ética y estética de la existencia por parte de Foucault y la comprensión como forma de vida en Hadot. Pero como señala el subtítulo de la obra ese posible diálogo se torna casi imposible, paradójicamente por el problema de fondo que subyace a la propia concepción que los une y en el que vuelve a resonar la cuestión del materialismo y una determinada concepción de la filosofía. Con respecto a Hadot, Roca nos recuerda la contraposición entre filosofía como discurso y filosofía como forma de vida, siendo la primera una herencia de la teología y de la concepción sistemática procedente de ella y la segunda en cambio la búsqueda de la sabiduría a partir del modelo socrático y que en el caso de Hadot se alimenta de las escuelas helenísticas, el neoplatonismo o algunos autores modernos, de forma excepcional.
En el caso de Foucault la cuestión resulta menos simple, pues aunque Foucault llega a utilizar en una ocasión la idea misma de ejercicio espiritual, sus tecnologías del yo son el resultado de un proceso mucho más complejo, resultado de una crítica de la modernidad, por lo demás cargada de discurso en muchos sentidos, incluido el que critica Hadot, y sobre todo son el resultado de la crítica de uno los frutos más preciados de la modernidad: la subjetividad, crítica desde la que inicia una trayectoria que le termina llevando a un análisis de las posibilidades de reconstrucción de la subjetividad, a partir, como Hadot, de los ejemplos del mundo antiguo.
La modernidad se constituye como una cuestión decisiva entre ambos. Hadot parece ignorar la distancia entre el mundo moderno y el mundo premoderno y busca melancólicamente esos ejercicios espirituales desde una ontología da el absoluto, tal vez irrecuperable para la modernidad, demasiado anclada en la prioridad del yo. Foucault, por su parte, demasiado moderno a pesar de sí mismo, parece centrar esos ejercicios espirituales en un sujeto sin referencia al absoluto o a los universales y su regreso a las prácticas del mundo antiguo, que es donde se encuentra con Hadot, pecaría en ese sentido de una deformación por exceso de modernidad y por proyectar sobre ellas la idea de un sujeto que Hadot no reconocería como tal. La posible relación entre ambos no deja entonces de ser un espejismo, separados por el abismo de una modernidad que Hadot se niega reconocer y que a Foucault le pesa en exceso hasta el punto de arrastrarla consigo en sus indagaciones en torno a una supuesta construcción de la subjetividad en los antiguos, que no sería tal subjetividad sino otra cosa.
Desde esta perspectiva a lo largo de la obra planea sobre ambos la silueta de Spinoza. Roca Jusmet lo cita reiteradamente y le atribuye incluso, de forma sorprendente, una influencia y un peso que no tuvo nunca en Foucault, y que tampoco parece haber tenido directamente en Hadot, aunque sí tal vez indirectamente vía Goethe. Capaz de reconstruir el sentido de lo absoluto que añora Hadot, pero sin caer en la melancolía de este, materialista y moderno como Foucault, pero sin encallar en el problema del sujeto, la ética de Spinoza parece responder a los intereses que subyacen al autor de este estudio y que le han llevado a reunir a Hadot y Foucault en una indagación en busca del sentido de la filosofía para el presente. El capítulo final, sin embargo, está planteado desde otro horizonte. Organizado como una posible respuesta conciliadora sobre el fondo común, aborda la distancia del autor Hadot y con Foucault y se adentra en la posibilidad de pensar la filosofía a partir del débil hilo que une a ambos partir de una filosofía para la vida que sea capaz a la vez de abordar las relaciones entre la filosofía y la política y en las que el autor apuesta, al menos de forma provisional, por Ranciere frente a Axel Honneth Ese capítulo final constituye un laboratorio y un ensayo algo desconectado del resto de la obra, como si esa contraposición entre Hadot y Foucault fuera solo un motivo a partir del cual poder pensar un camino para la filosofía que se aleje del “discurso” en el sentido peyorativo que le da Hadot, pero que a la vez sea capaz de superar lo que Roca llama “el prejuicio antihumanista” de Foucault. En esas reflexiones finales Roca parece abonar un campo que promete trabajar en el futuro.

V.S.M.

lunes, 23 de julio de 2018

EJERCICIOS ESPIRITUALES CHINOS




Escrito por Luis Roca Jusmet


 Invito aquí a leer tres aforismos de un sabio chino del siglo XVII, Hong Yiming, cada uno de los cuales es un ejercicio espiritual.
Los escribió una vez retirado de la vida mundana, con el nombre de Huanchu Daoren. A veces se habla del taoísmo y del confucionismo como de dos tradiciones opuestas pero seguramente se entendían de manera complementaria, como dos etapas de la vida. Confucio daba pautas sobre la manera que debíamos comportarnos en sociedad. Decía dos cosas muy interesantes : la primera que la base de las relaciones humanas era el respeto y la segunda que solo tenía autoridad el que estaba a la altura del papel encomendado. El taoísmo es la fluidez, la despreocupación del que se retira de la vida social. Pero está además enriquecido por
el budismo, que llegó de la India y adquirió en China un aire más vitalista y más alegre que el originario.
 Os ofrezco aquí dos aforismos que me parecen muy potentes. La vida es difícil para todos, para unos ( por diversas circunstancias) más que para otros. están orientados por lo tanto a la actitud y al trabajo interior frente a las dificultades. De esto habla el primero.
 La tranquilidad en medio de la quietud no es verdadera tranquilidad; cuando puedes estar tranquilo en medio de las turbulencias, esta es la verdadera serenidad. La felicidad en un ambiente cómodo y agradable no es verdadera felicidad; cuando puedes ser feliz en medio de la adversidad, entonces es cuando tienes poder interno.
 El segundo nos invita a un ejercicio, que en nuestra tradición ya aconsejaban los estoicos.
 Entrada la noche, cuando todo el mundo descansa, siéntate en soledad y observa dentro de tu mente; percibirás entonces como desparece la ilusión y aparece la realidad. En cada una de estas ocasiones gana un vasto sentimiento de lo que es posible. Una vez que has percibido cómo aparece la realidad, una vez has escapado de la ilusión te vuelves más humilde.
 El tercero me recuerda la polémica de Pasolini sobre las luciérnagas. Decía que las luciérnagas, las lucecitas en la oscuridad, se habían acabado con la cultura de masas y la sociedad de consumo. No seamos tan pesimistas, siempre algo acaba brillando si sabemos verlo.
Una oruga en la basura es algo sucio, pero se transforma en una cigarra que sorbe rocío en la brisa otoñal. Las plantas enterradas no tienen prestancia, pero se transforman en brillo incendiado a la luz de la luna estival. Así, sabemos que la pureza surge de la impureza, y la luz nace de la oscuridad.
 Estos son por lo tanto mis deseos, para mí mismo y para vosotros :  SERENIDAD, SABIDURÍA Y ALEGRÍA.

sábado, 30 de junio de 2018

EL GOBIERNO DE SÍ Y DE LOS OTROS: FILOSOFÍA Y VERDAD


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 Escrito por Luis Roca Jusmet 

En su curso "El gobierno de sí y de los otros" , impartido el primer trimestre del año 1983, Michel Foucault se plantea en una de sus clases qué es lo real de la filosofía. Es en la clase del 16 de febrero y lo hace a partir del análisis de algunos textos platónicos, como el proceso que va desde el diálogo Albicíades hasta la carta VII.
 De entrada la filosofía se presenta como una tarea ( ergon) más que como un discurso ( logos). Preguntarse por lo real de la filosofía ( como ergon y como logos) no es preguntarse la relación que tiene la filosofía con lo real. Es preguntarse como se inscribe en lo real el ergon-logos filosófico, el decir veraz del filósofo. El filósofo se dirige a quién ejerce las leyes. Pero no para decirle lo que tiene que hacer, no para dictarle las leyes. Se introduce en la política pero jugando un juego diferente que el político. Hay una analogía con el papel del médico. El médico ejerce el diálogo y la persuasión con el paciente, no se limita a darle recetas. 
 El filósofo quiere salir de sí mismo y ser escuchado, pero no por su habilidad retórica, quiere anular la voluntad del oyente. El filósofo no quiere manipular, como hace el retórico, sino persuadir, argumentar, convencer. 
 El filósofo tiene un camino por recorrer y lo hace a través de diversas prácticas.Implica una decisión previa, que es la de elegir este camino y a un maestro que debe enseñarle el camino. Esto significa ser capaz de aprender unos principios, de interiorizarlos y de aplicarlos en nuestra vida cotidiana. Pero en el Albiciades era una cuestión de mirada del alma, de reconocimiento de sí misma. Una conversión a partir de una mirada que te transformaba. En cambio lo que te transforma en la concepción final de Platón no es la mirada sino la práctica, este trabajo que vas haciendo a lo largo de este camino que vas definiendo con tu acción cotidiana. Es lo que Foucault llama el ascetismo que es la construcción de uno mismo en relación con lo que va surgiendo en su vida cotidiana. Esto es lo real de la filosofía en cada cual. 
 La filosofía no es el camino de las mathémata, es decir, del conocimiento de fórmulas, formal. Cuando Platón rechaza la escritura en la carta VII no lo hace para afirmar que el lenguaje escrito no puede reflejar el logos, que debe ser tratado de forma oral. Lo hace porque el cuestionamento de la escritura lo es de la filosofía como logos, ya que es sobre todo ergon, un trabajo sobre uno mismo. 
 La relación entre filosofía y política no es normativa. No hay que caer en una interpretación literal de la República o las Leyes, donde supuestamente el filósofo explica como debe ser una ciudad ideal o sus leyes. La filosofía debe enseñar que lo real de la filosofía está en las prácticas que uno ejerce sobre sí mismo y en relación con los otros. Es, por tanto, la articulación entre el gobierno de sí y el gobierno de los otros.
En la clase del 2 de marzo de 1983 de su curso en el Collège de France titulado "El gobierno de sí y de los otros"  Michel Foucault plantea un análisis sobre la ontología de los discursos verdaderos.
 Foucault había trabajado anteriormente el tema del discurso, sobre todo en dos momentos clave : en el año 1963, en su libro "La arqueología del saber" y en su conferencia en el Collège de France de 1970, al tomar posesión de su cátedra de Historia del pensamiento. El discurso está formado por modalidades enunciativas, que circulan en ámbitos institucionales concretos y que son formulados por sujetos que adoptan una determinada posición. Hay, por tanto, una articulación entre el saber, el poder y la subjetivación. 
 Lo que analiza en este breve pero denso fragmento son varias cuestiones. En primer lugar una superación de la formulación convencional de que la verdad de un discurso se deriva de su adecuación o inadecuación a los hechos que enuncia. La historia de la veridicción, que sería la de la ontología de estos discursos, debe plantearse en base a tres cuestiones.
 Primera : ¿ Cuál es el modo de ser de este discurso entre todos los demás, una vez que se introduce en lo real un juego de la verdad ? 
 Segundo : ¿ Cuál es el modo de ser que este discurso de veridicción confiere a lo real del que habla, a través del juego de verdad que practica  ?
 Tercero : ¿ Cuál es el modo de ser que este discurso de veridicción impone al sujeto que lo pronuncia, de modo que éste pueda practicar cómo corresponde el juego determinado de la verdad ?

 Todo discurso es una práctica. Un discurso de verdad impone una norma de veridicción y solo puede entenderse en función de esta. Toda ontología es una ficción, un invento singular. 
 En este mismo curso, en la clase del 5 de enero Foucault había definido su proyecto de una historia del pensamiento como algo diferente de la historia de las mentalidades y de las representaciones. Había dicho entonces que era una historia de los "focos de experiencia". En el texto que tratamos dice que la historia del pensamiento es diferente de la historia de los conocimientos ( criterio de verdad) o la de las ideologías ( criterio de realidad ) porque relaciona con un principio de libertad, con una capacidad de hacer. 
 Estos textos plantean cuestiones interesantes. Por una parte la caracterización de cualquier discurso ontológico como una ficción. Por otra la definición de la verdad de un discurso en términos éticos. Es decir, la existencia de una verdad ética.
 Todo esto tiene que ver con la parrhesia, que el término fundamental que articula el curso. La parrhesia es justamente la práctica ( el "ejercicio espiritual") que vincula la ética con la política. Porque es lo que nos hace arriesgar y jugarnos incluso la vida por el coraje de decir la verdad. Pero ¿ de qué verdad hablamos ? . Es la verdad del hombre libre, la verdad ética dirigida al que ejerce el poder como dominación. Verdad ética que es, por tanto, una verdad política. Es un discurso de veridicción en el que el sujeto que lo practica se sitúa en una posición éticopolítica crítica. De denuncia de lo intolerable, como ha planteado Foucault en otras ocasiones. 

 En todo caso la influencia nietzscheana se mantiene muy clara en este planteamiento. No únicamente porque señala el elemento ficticio y la posición ética que hay en cualquier discurso. 

lunes, 28 de mayo de 2018

FILOSOFIA Y AUTOAYUDA

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Escrito por Luis Roca Jusmet


Pierre Hadot es un filósofo francés de la segunda mitad del siglo XX que quiso recuperar la idea de la filosofía como forma de vida. Hadot, que era además un riguroso historiador de la filosofía, sostiene que la filosofía antigua nunca quiso ser un discurso teórico ni un sistema de pensamiento. Lo que pretendía era ser una propuesta de forma de vida. No había separación entre filosofía teórica y filosofía práctica porque lo que se buscaba en las escuelas filosóficas era que te enseñaran a percibir el mundo, a pensarlo y a actuar sobre él. La verdad te transformaba y te preparaba para afrontar la vida con serenidad.
Pierre Hadot dedica muchos de sus escritos al estudio de los estoicos, especialmente a Marco Aurelio. Pero las meditaciones de Marco Aurelio no eran ni un diario íntimo ni un escrito para ser leído. Eran un ejercicio espiritual sin connotaciones de culpa ni de pecado. No era una confesión sino un balance de lo que se había hecho bien y lo que había hecho mal. ¿ Para qué ? Para saber en que se había fallado y prepararse para no repetirlo. A través de sus notas comprobaba si había aplicado correctamente la filosofía estoica en su quehacer cotidiano. El estocisimo era una escuela en la que el maestro te enseñaba unos principios que se habían de interiorizar y aplicar. Era una escuela para adultos en la que estos debían desaprender lo que la sociedad les había enseñando. Pero el maestro enseñaba para que el discípulo se emancipara. Totalmente contrario de lo que haría posteriormente el cristianismo, que se basaría en la obdeciencia. La filosofía se entendía entonces como una terapia del alma. Posibilitaba la construcción de un sujeto ético que hacía una elección de vida.
Podemos preguntarnos hoy si la filosofía tiene un lugar en el llamado mercado de la autoayuda. El mercado de autoayuda forma parte de la sociedad de consumo : son libros, consultas, cursos, que te ofrecen píldoras rápidas para consumidores impacientes. El cliente paga y quiere resultados. No puede haber nada más antifilosófico. ¿ Cuál es entonces la línea roja que separa la filosofía de la autoayuda ?. Los libros de filosofía dan orientaciones prácticas sobre como vivir y los libros de autoayuda dan recetas para aplicar. La filosofía proporciona una caja de herramientas, según la denominación del filósofo francés Michel Foucault, y no como un recetario. La filosofía estimula a pensar y la autoayuda formula consignas. La autoayuda es el camino fácil, la filosofía el camino dificil. La filosofía es una brújula y la autoayuda un mapa donde todo está señalado.

lunes, 21 de mayo de 2018

ENTREVISTA A MICHEL FOUCAULT : Boston College, 20 de enero de 1984

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 Escrito por Luis Roca Jusmet

 En enero de 1984 Raúl Fornety-Betacourt, Helmut Berger y Alfredo Gómez-Muller realizan a Michel Foucault, en el Boston College. La entrevista tiene lugar pocos meses antes de su muerte, cuando está dictando su último curso ( "El coraje de decir la verdad". Se acaban de publicar los tomos segundo y tercero de la Historia de la sexualidad "El uso de los placeres" y "La inquietud de sí"). La entrevista es extraodinariamente importante por la clarificación de muchas de las cuestiones planteadas por sus últimos trabajos. Voy a señalar lo que me parecen los ejes principales :

1)  Sujeto y verdad

 Michel Foucault señala una vez más que hay continuos desplazamientos en su actividad teórica. La problemática continúa siendo la relación entre sujeto y verdad, en torno a la pregunta ¿ cómo accede el sujeto a un juego de verdad ? Lo que sí ha ido cambiando es el ámbito en que se ha planteado : primero desde la arqueología del saber, la genealogía del poder y finalmente las prácticas del yo. Los juegos de verdad están relacionados con los juegos de poder. Las formas de subjetividad están relacionadas con juegos de poder. El sujeto se constituye, es un efecto de campos de saber y de poder. No e sun "a priori".
 El sujeto no es una substancia, es una forma
 Entiende por juego unos procedimientos, una combinación de normas para producir algo que llamamos verdad.
 La verdad es a veces un constructo ( cuando es una interpretación ) y a veces no ( cuando es una descripción) pero incluso en este último caso hay algo de constructo porque hay unas normas a partir de las cuales seleccionamos los hechos.

2)  Ética como práctica de libertad
 Michel Foucault señala que las prácticas no se plantean en términos de liberación. Para el filósofo francés la liberación se plantea con respecto a algo externo, no a algo interno. La liberación es, por tanto, la condición social para que sea posible la ética, es decir la práctica del yo como práctica de la libertad. El ethos hay que entender no un sistema normativo que hay que seguir sino una manera de ser y de conducirse, de mostrarse ante los otros. La ética trata del cuidado de sí pero siempre en relación a los otros. No es una renuncia al yo sino una afirmación de un yo capaz de construirse como sujeto ético. Es el cristianismo el que transformará este ascetismo en la renuncia del yo para la salvación en otro mundo y lo vinculará a la obediencia. 
 Estas prácticas de yo plantea un sujeto activo y no pasivo, un sujeto que no sea efecto de la normalización sino que pueda construirse como sujeto ético, no inventándose a sí mismo sino recogiendo las posibilidades que le ofrece la sociedad en la que vive. El sujeto siempre es histórico.

3) Poder y  dominio
 Michel Foucault aclarará el tema de su formulación del poder. El poder lo ha entendido siempre, y sigue haciéndolo, como una relación. Su estudio del poder, tanto a nivel micro como macro, le lleva a entenderlo como una red que está presente en casi todas las relaciones humanas. A partir de aquí diferencia entre poder y dominio. Las relaciones de poder son compatibles con la libertad, bidireccionales, variables. Cuando se congelan, son relaciones de dominio, son jerárquicas. 
 El poder es un conjunto de juegos estratégicos. Se trata de evitar que el poder de los gobernantes se transforme en dominio para los gobernados. Ello implica la necesidad de una ética, tanto de gobernantes como de gobernados, de una ley y de procedimientos administrativos que lo eviten. 
 En realidad los sujetos humanos siempre tienen un margen de libertad que supone la posibilidad de negarse al dominio, aunque en el límite sea suicidándose o matando al otro. 

4) Espiritualidad

Es un modo de ser al que se llega a través de la realización de unas prácticas. En el mundo antiguo era a través de la filosofía que se accedía a la espiritualidad.

sábado, 12 de mayo de 2018

LA HERMENÉUTICA DEL SUJETO : COMENTARIO SOBRE LA ÚLTIMA CLASE

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 Escrito por Luis Roca Jusmet

 Esta es una pequeña reflexión sobre la última clase del último curso de Michel Foucault, "El coraje de la verdad. El gobierno de sí y de los otros, II".
  El curso se inicia con un comentario sobre la parrhesía del cínico. Se trata de la defensa de la soberanía sobre la propia vida contra la soberanía monárquica: Diógenes contra Alejandro Magno. Soberanía solitaria, despojada del cínico, contra la de la corte y de la riqueza del emperador. Se trata de reivindicar una vida feliz y verdadera. ¿ Qué quiere decir aquí una vida verdadera ? 
 Hay que ocuparse de uno mismo y de los otros. La vida verdadera es otra vida, Foucault cita a Epicteto ( y al estocismo de la Edad de Oro como influenciado por el cinismo y con una propuesta abierta a todos, a cualquiera. La verdad de la que habla Foucault, hay que entenderlo, es una verdad del sujeto, una verdad ética. Es la correspondencia con uno mismo. Esta es la aportación del cinismo a la historia de la filosofía, el de la vida verdadera. Se trata de purificar el placer, de conseguirlo con los mínimos ( y propios ) medios. Esta es la finalidad de la vida ascética. 
 Señala después dos cambios en el paso del ascetismo cínico al cristiano. Uno es que se pasa del deseo de un mundo otro a otro mundo. lo que hace el cristianismo es unir el acceso a la verdad, a otra vida y a otro mundo. Otro es establecer el principio de obediencia. Para el cristianismo la obediencia es una virtud, para el cinismo no. Analiza después la evolución de la parrhesía en el cristianismo. La tradición mística se basa en la confianza y la ascética en la desconfianza. 
 Es interesante el comentario de Frederic Ros sobre la situación del curso. Analiza que este curso quiere acabar lo iniciado en los dos anteriores: que el cuidado de sí hay que entenderlo no solo como la construcción de un sujeto ético sino también como un decir veraz, que exige coraje, y un cuidado del mundo y de los otros, que exige la adopción de una "verdadera vida" como crítica permanente al mundo. 

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