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miércoles, 30 de septiembre de 2020

VACUIDAD

 Es importante que clarifiquemos la recepción de los términos que nos llegan de Oriente. Uno es el de mente vacía, entendida como propuesta ética que viene del hinduismo, del budismo, especialmente del zen, del taoísmo.

  ¿ Qué quiere decir "mente vacía". Evidentemente no se trata de vaciar la mente en sentido literal.  La mente vacía es algo terrible. No desear, no sentir, no recordar, no imaginar, no pensar. La tienen algunos psicóticos que funcionan con una máscara que lo oculta. O incluso los melancólicos pueden acercarse. Los humanos debemos de tener un criterio, es decir debemos pensar, debemos recordar, sentir, imaginar. Esto es estar vivo. 

 "Mente vacía" quiere decir "hacer el vacío" en nuestra mente. "Hacer el vacío" es ser capaces de poner una distancia entre nuestra actividad mental y nuestra conciencia. Es lo que algunos llaman "conciencia-testigo". Ser capaces de observar lo que ocurre en nuestra mente sin identificarnos con su actividad ni con sus contenidos. Por esto los ejercicios de atención plena nos llevan a ser conscientes de la respiración, de la postura, del gesto. Separar la conciencia de los contenidos mentales. 



 En la tradición occidental podemos encontrar planteamientos similares en el estoicismo ( Séneca, Epicteto, Marco Aurelio) y en Spinoza. Ellos hablan de "razón" en lugar de hablar de "conciencia" pero la conceptualización es similar. No es un razonamiento sino una intuición. Esta distancia, este vacío, nos permite liberarnos del peso de los condicionamientos mentales, nos encamina a una serenidad y una libertad interior.


jueves, 18 de julio de 2019

EL ZEN COMO EXPERIENCIA




 Incorporo al blog la entrevista que realicé a Alberto Silva sobre el zen como experiencia. Sin desperdicio.

viernes, 19 de octubre de 2018

¿ ES EL ZEN UN EJERCICIO ESPIRITUAL ? : DIALOGANDO CON ALBERTO SILVA

Resultat d'imatges de zen alberto silva


Escrito por Luis Roca Jusmet

Alberto Silva es un hombre polifacético : poeta, traductor y ensayista. Pero es, sobre todo ( en lo que concierne a este texto) un practicante paciente y experimentado de zazen. Voy a referirme a los dos primeros libros de un conjunto de cuatro que ha escrito sobre su experiencia en el zen. Creo que tanto el primero1 como el segundo2 tienen un valor filosófico, que es el de hacernos pensar el zen de otra manera. En el primer caso como una experiencia original no ligada necesariamente al budismo y, por tanto, capaz de dialogar por sí mismo con tradiciones occidentales como la filosofía y el psicoanálisis. En el segundo caso romper otro tabú, que es el de ligar el zen al silencio. Tabú, por cierto, legitimado desde el axioma de Wittgenstein que afirma que de algunas cosas podemos hablar y de otras simplemente mostrar. El zazen sería entonces una experiencia que se puede compartir exclusivamente desde la práctica.
En el primer libro Alberto Silva nos propone emancipar el zen del budismo y de la propia cultura japonesa. Emancipar quiere decir liberar de un yugo, de una servidumbre. No se trata de negar las raíces asiáticas, budistas y japonesas del zen sino hacer que las raíces permitan volar, lo cual significa que han de condicionar pero no determinar, influir pero no limitar. Lo que heredamos es un patrimonio que nos enriquece cuando no es una losa que nos impide avanzar.
Alberto Silva traza un recorrido que va de la India al Japón, pasando por el Tibet y China. Un estudio, por cierto, muy riguroso y preciso. Pero aquí confluye no solamente el budismo sino también el yoga, el confucionismo, el taoísmo y el sintoísmo.Alberto Silva se define por la escuela llamada soto zen, cuya referencia es el maestro Dogen y su forma de expresión artística es el haiku. Finalmente el zen entra en un momento, que es el que vivimos ) que se globaliza. En esta fase donde el zen puede conversar con las tradiciones occidentales sin limitaciones. Es aquí donde Alberto silva busca dos interlocutores privilegiados, que no son otros que Martin Heidegger y Jacques Lacan. Dejemos pendiente este punto para penetrar en el libro segundo, más potente en cuanto entra directamente en lo que es la experiencia zen. Después propondré otros interlocutores filosóficos que serán Baruch Spinoza, Pierre Hadot y Michel Foucault.
Este segundo libro de la obra sobre el zen nos permite plantear un encuentro desde la experiencia, palabra que contiene múltiples resonancias. Me impresionó el artículo "Infancia e historia" de Giorgio Agamben3 que señalaba algo a partir de lo que ya había dicho Walter Benjamín : los adultos ya no hablan de su experiencia, se han quedado mudos. Benjamín hablaba de un silencio causado por la percepción del horror después de la Segunda Guerra Mundial- Agamben se refería más a la banalización, algo que también había señalado Pier Paolo Passolini. Para Agamben, la falta de experiencia, igual que para Passolino, no proviene del horror sino de la banalización. Alberto Silva nos propone entender el zen desde la experiencia singular de cada cual y posteriormente ser capaces de traducir esta experiencia en palabras. Una experiencia que va del silencio a la palabra y vuelve otra vez a la experiencia, pero que es capaz de articularse en un relato. Se trata de una experiencia radical y paradójica porque va a la raíz de lo que a la vez somos y no-somos ( ya que no hay identidad) que no es otra cosa que el cuerpo. Cuerpo pensante y hablante, pero cuerpo. Es posible enunciar, teorizar lo que nos ocurre en el zen. Experiencia emancipatoria en la medida que nos libera. ¿ De qué liberación estamos hablando ? De la que nos permite ser lo que somos. Esta es la paradoja, porque esta frase, siendo totalmente enigmática es la que nos permite intuir por donde van los tiros. Hay algo propio a desarrollar, hay una singularidad en juego. La práctica del zen nos lleva a un punto, más allá del marco cultural que nos atrapa, del guión que hemos construido para defendernos del mundo, de los otros. Hay algo en común con este "atravesar la fantasía" para encarar el deseo del que hablan los psicoanalistas lacanianos. O del desprenderse de lo aprendido que se practica en las escuelas alejandrino-romanas de las que nos habla Foucault, para construirnos como sujetos éticos. Con el zen hay que aceptar y sostener las paradojas, que,como sabemos, son contradicciones solo aparentes. Aquí señalo el potencial de la parte del libro dedicado al lenguaje, que titula "de la continuación del despertar por otros medios". Porque hay un relato posible de esta experiencia, como dice Alberto Silva. Es un no-hacer para que algo se haga en nuestro cuerpo. Dogen, la referencia básica del zen para el autor, insiste una y otra vez en "el despertar" se realiza en el cuerpo, " en "la carne y los huesos". Pero después de este despertar hay un trazo necesario, que solo puede venir del lenguaje, para renunciar a que la experiencia zen entre en el registro de lo inefable, de lo que no se puede hablar. Está la frontera, el saber fronterizo, recordando lo que sugería el gran filósofo español, ya fallecido, Eugenio Trías.
Entramos aquí en un punto clave, que es el de la relación entre el cuerpo y la mente. No caer en el dualismo ( dos substancias diferentes) ni tampoco en el fisicalismo ( la mente es física, es el cerebro). No caer, sobre todo, en el espiritualismo, para el que el cuerpo es una especie de cárcel o de envoltura física de nuestra identidad. Somos un cuerpo, nos dice Alberto Silva, recordando al filósofo Maurice Merleau-Ponty. Un cuerpo expresivo,vivo,animado, vibrante, desarmónico. Que no debe seguir ideales de perfección, que debe trabajarse a sí mismo, claro ( lo hace el zen) pero sin compararse a modelos. Hago aquí un paréntesis para sugerir otra vía posible de diálogo con Francisco J. Valera.4
Hay otros puntos en el trabajo de Alberto Silva que me parecen igualmente fundamentales, como el del espacio y el tiempo, entendidos desde la experiencia humana y, más específicamente, desde la experiencia zen.
Quería entrar ahora en una propuesta de dos posibles interlocutores filosóficos con el zen. Estos son Pierre Hadot y Michel Foucault, que a su vez plantean un interesante diálogo sobre la filosofía como ejercicio espiritual5. Precisamente el título del artículo sería un remake de un libro que hace años planteó Jean Allouch con el título de "¿ Es el psiconálisis un ejercicio espiritual ?"6. Este reconocido psicoanalista, empeñado en facilitar un encuentro fecundo entre Jacques Lacan y Michel Foucault, se hace la pregunta basándose en el concepto de Pierre Hadot de "ejercicio espiritual".7 Hadot habla de la filosofía como forma de vida y, para señalar su aspecto integral, habla de ejercicio espiritual para referirse al trabajo transformador de la filosofía. Esto es lo que comparte con Foucault, entender la filosofía no como un discurso sistemático de tipo intelectual sino como una práctica emancipadora. Emancipadora en la medida en que libera al ser humano de sus cadenas ideológicas ( y aquí entendemos la ideología en sentido radical. Como ideas, actitudes y conductas).
Entremos a fondo en la diferencia entre Pierre Hadot y Michel Foucault para ver como, desde uno y desde otro, se entiende la filosofía y, por tanto, su relación con el zen laico que propone Alberto Silva. Para Pierre Hadot la filosofía es una experiencia unitiva paralela a la experiencia mística. Son dos caminos que conducen, desde diferentes experiencias, a lo que llama la Universalidad. Es decir, a la renuncia de lo singular y lo particular para abrirnos al Universal humano y al Universal cósmico. En este sentido el taoismo o el budismo podrían ser otras vías que conduzcan a este Universal. ¿ Tiene algo que ver con el zen laico que nos propone Alberto Silva ? Yo creo que poco, en la medida en que el zen de Dogen, que es la referencia de lo que nos propone Alberto, tiene muy poca relación con esta lectura que hace Pierre Hadot. Justamente porque la propuesta que recoge de Dogen es la de un zen que pasa por el cuerpo. El cuerpo es,para Alberto Silva, mucho más que una estructura mecánica. Es la expresión de lo viviente en nosotros, por mucho que seamos un cuerpo mental y hablante. En este sentido creo que lo que vincularía más a Hadot con el zen es justamente este budismo que Alberto Silva quiere liberarse en su comprensión de la etapa actual del zen.
La línea de trabajo que propongo tiene que ver más con Michel Foucault que con Pierre Hadot, en sus posicionamientos respecto a las escuelas alejandrinas. No solamente por la manera como Foucault entiende la filosofía sino por su propuesta de un ascetismo para construir un sujeto ético. Para Michel Foucault la filosofía es una caja de herramientas crítica, que abre nuevos caminos del pensar. En este sentido podríamos decir que el libro de Alberto Silva es un libro de filosofía porque plantea nuevas maneras de entender el zen. También podríamos buscar otra similitud del zen laico con el camino que plantea Foucault, al afirmar que cada libro que escribe es , para él, una experiencia transformadora. Pero quiero centrarme en otro aspecto, que es el de la propuesta de Michel Foucault n su curso "La hermenéutica del sujeto"8. Se trata de ir contra lo particular ( lo grupal) para volver a lo singular y desde aquí ir hacia lo universal. Hay en el libro de Alberto Silva una defensa clara y contundente de lo singular de cada cual, del camino propio como eje de la libertad. El zen laico nos ayuda a construirnos como un sujeto ético, justamente en la línea que nos sugiere Foucault. Se le ha llamado también "estética de la existencia", aunque esta expresión ha dado lugar a muchos malentendidos, incluso al mismo Pierre Hadot, que considerará esta propuesta como una especie de dandismo9. Hay que reconocer que el mismo Foucault, al expresar su fascinación por personajes como Charles Baudelaire, puede haber colaborado a esta lectura equívoca. Lo que propone Foucault es bien distinto : se trata de un trabajo ascético para ser libres. Alberto utiliza en algún momento la palabra ascética para referirse a la práctica del zen laico. Una autodisciplina, ciertamente, a la que no hemos de considerar, como muchas veces se hace, como propia de la ética del samurai. El propio zen se ha manifestado muchas veces como un punto de ascetismo, y si lo relacionamos con Guathama Buda ( algún vínculo hay que reconocerle, aunque no defendamos que el zen sea una rama del budismo) hay que reconocer que este aparece como una crítica al ascetismo excesivo. Ascetismo que no tiene nada que ver, tampoco, con lo que critica Nietzsche10. Ascetismo como un trabajo sobre uno mismo, para que emerga lo más propio. Alberto Silva insiste en que más que aprender es desaprender, lo mismo que plantea Foucault respecto a las escuelas alejandrinas.
Vale la pena que reflexionemos un momento sobre la noción de escuela. Alberto Silva es muy crítico con ella, ya que conduce facilmente a la escolástica (teórica) y la esclerosis ( práctica). Pero Foucault defiende las escuelas alejandrinas ( estoicismo, epicureismo, cinismo) en la medida en que no son estructuras jerárquicas. Hay maestros que pueden transmitir lo que posibilita la emancipación del otro. Es decir, que proporciona al otro los medios para su propia liberación. Para Foucault lo que hace el cristianismo con estas escuelas es ponerlas al servicio de un ideal de salvación y al mismo tiempo institucionalizarla en relaciones de dominio. Sigo aquí la diferencia que establece Foucault, relaciones de dominio y no relaciones de poder. Las primeras son rígidas y verticales, implica la sumisión. Las segundas, en cambio, son interactivas, variables, contingentes. Lo mismo que critica Michel Foucault del reciclaje negativo que ha hecho el cristianismo con el ascetismo podemos decir que hace Alberto Silva con el budismo respecto al zen. Este sujeto ético de Michel Foucault, que vamos construyendo con ejercicios espirituales diferentes ( dentro de todo prefiero este término al de tecnologías del yo) puede encontrar en el zazen una de las prácticas ascéticas básicas. El mismo Foucault ( como testimonió su amante Daniel Defert) tenía como libro de cabecera "El zen del tiro al arco"" de Eugen Herrigel). No solo esto sino que estuvo tan atraido por el budismo zen que viajó hasta el Japón y estuvo unos días en un monasterio zen practicando zazen11. Quizás le faltó a Foucault una mirada más distanciada del zen de la escuela monástica japonesa o de la ética samurai ( como, curiosamente, le llamó su amigo el historiador Pierre Veyne)12.

lunes, 29 de enero de 2018

ELOGIO DEL MAESTRO Y CRÍTICA DEL PODER PASTORAL




 Escrito por Luis Roca Jusmet

Michel Foucault habla, en su última etapa, del cuidado de sí.  Dice que en la época del estoicismo romano, una de sus referencias, la figura es imprescindible.
 El maestro del que habla está ligado al ejercicio espiritual de la parresia, que es la franqueza, el coraje de decir la verdad. Pero este maestro no es el pedagogo de los jóvenes sino alguien que se dirige a los adultos. Es el filósofo. Y el filósofo no transmite un saber que deben aprender los discípulos. Lo que hace el maestro filósofo es enseñar a desaprender, es decir desenredar lo que nos habían enredado. Porque lo que enseña el pedagogo es a socializarse, a normalizarse adaptándose al ideal de la época. Y este maestro-filósofo se dirige al discípulo para que cada cual sea autónomo, que cada cual sea él mismo. Pero ser uno mismo no quiere descubrir un yo oculto. Este yo oculto no existe. El yo es algo que se construye. Habíamos construido nuestro yo a partir del ideal que habíamos interiorizado por la influencia del Otro. Hay que saber encontrar el modo de vida que queremos, a partir de lo que realmente deseamos. Deseo que coincide con el conatus de Spinoza y con su idea de libertad como el hacer lo que realmente necesitas. El maestro es solo un simulacro provisional del Otro, porque será el Otro que se autodestruye para dejar que el otro realmente sea.

viernes, 1 de diciembre de 2017

EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA MATERIALISTAS : BUDISMO ZEN, PSICOANÁLISIS Y FILOSOFÍA

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Luis Roca Jusmet

Ese materialismo no es el que niega el espíritu, sino el que plantea que el espíritu, que no se reduce a la materia, está siempre condicionado por ella.
                                                                                
Bernard Stiegler



 Este artículo pretender establecer un punto de relación entre tres tradiciones, que son heterogéneas pero que pueden llegar a un punto de encuentro. Pero lo primero que quiero hacer es desmarcarme de cualquier forma de sincretismo, lugar de confusión habitual en que nos ha colocado la subcultura New Age con respecto a estos temas[1].




 Para ser rigurosos empezaré precisando lo que significan para mí estas tres tradiciones y delimitando en qué me voy a centrar en cada una de ellas. Entiendo por budismo las prácticas que se originan a partir de la aparición de un personaje histórico que es Buda; pero me centraré específicamente en la Escuela Soto Zen y más específicamente en Taisen Deshimaru.. El psicoanálisis tiene también un origen, un padre fundador que es Freud y aunque después de su muerte las escuelas se multiplican considero a Jacques  Lacan cómo la figura más interesante para esta investigación. La filosofía es más difícil de delimitar pero la plantearé cómo  un invento griego continuada en Europa hasta la globalización actual. Los filósofos a los que me referiré serán Pierre Hadot y Michel Foucault.

  En este artículo intentaré trazar en primer lugar un panorama histórico sobre el intento de establecer un vínculo entre las tres disciplinas. Mi hipótesis es que este proyecto fracasa por un mal planteamiento, que es el intento de establecer un diálogo desde el discurso teórico, es decir, desde lo que dicen cada uno de ellos. La imposibilidad viene dada porque se quiere homogeneizar discursos heterogéneos. Mi propuesta es la de encontrar un espacio común planteado desde el punto de vista de la práctica, en concreto desde la ética. Entiendo por ética un arte de vida que propone un trabajo interno que nos permite transformarnos y transformar nuestra vida.
 Incluyo aquí un video en el que hablan Taisen Deshimaru, Jacques Lacan y Michel Foucualt. No me interesa lo que dicen sino lo que muestran a través de su cuerpo : la voz, el gesto, la mirada. El cuerpo somos nosotros, es a través de él que se manifiesta el espíritu. La ética es entonces esta transformación espiritual del cuerpo. Las prácticas son las del cuerpo, que no es una superficie corporal, que es una estructura dinámica, viva, que se expresa de manera singular en cada cual.

2.      Aproximaciones entre la filosofía, el budismo zen y el psicoanálisis

    Parto de la hipótesis de que la filosofía surge como una pérdida de saber que permite la búsqueda de la verdad a partir de esta carencia[2]. François Jullien también analizará como la filosofía es un camino, el de la pregunta por la verdad, el bien que el pensar griego escogerá mientras el pensar chino sigue otros derroteros[3].
  Roger Pol Droit (1989, 1997) ha realizado un interesante trabajo sobre el papel del budismo en el imaginario filosófico anterior. El precedente del interés de la filosofía europea por el budismo tiene un referente claro en Arthur Schopenhauer. Pero tampoco hay que olvidar la reflexión de Nietzsche en su obra El Anticristo sobre el budismo cómo una forma radical de nihilismo[4].
 Si buscamos un interés específico de la filosofía contemporánea por el budismo zen tenemos que referirnos a Martin Heidegger[5]. Es también un tema recurrente, sugerido pero poco desarrollado es el paralelismo entre Wittgenstein y el budismo zen[6].  Estos dos casos no agotan por supuesto la casuística del interés de los filósofos actuales por el budismo zen.[7]
 El camino inverso, que es el del interés de representantes del budismo zen por la filosofía nos llevan necesariamente a la Escuela de Kioto, formada alrededor de Nishida (1870-1945).. Shizuteru Ueda realizará un estudio muy interesante sobre el proceso paralelo de Nishida de aprendizaje práctico del zen y de inmersión en los textos fundamentales de la filosofía griega y europea. Lo que tiene de extraordinario, es que la práctica del zen excluye la especulación racional, con lo cual convierte en posible algo que de entrada se presenta como incompatible. Para Ueda el resultado es filosóficamente interesante, mientras que para Heidegger lo que hace Nishida en su libro fundamental, Indagación del bien, es caer en las redes del lenguaje filosófico occidental. Ueda buscará una vía de encuentro entre el budismo zen y la filosofía a partir del misticismo medieval del Maestro Eckhart, pero quizás es lo más antifilosófico de éste lo que permite una mayor convergencia. Otro intento posterior a Nishida será el de Toshihiko Izutsu (1914-1993) que elaborará una propuesta filosófica sistemática a partir del budismo zen. Pero el esfuerzo de Izutsu, que no carece de rigor, nos conduce a una empresa imposible, ya lo que hace es traducir el lenguaje no-filosófico del zen al lenguaje de la filosofía, es decir llevarlo a un terreno que no es el suyo. La elaboración de Izutsu aunque fallida no por ello deja de ser interesante:, ya que es capaz de recoger los temas que filosóficamente serían más interesantes: la identidad, el sentido, la articulación y el pensamiento.

MICHEL FOUCAULT Y EL BUDISMO ZEN


 


  Escrito por Luis Roca Jusmet

 En la biografía que el historiador Paul Veyne hace de su amigo, el malogrado Michel Foucault, un capítulo se titula "Retrato de un samurai". Veyne no explica el porqué del título, hace una asociación libre. Este hombre solitario, calvo, con una presencia clara y sólida, que parece tener un perfecto autodominio, bien podría parecer un samurai.
 Samurai, artes marciales japonesas, budismo zen. un universo que parece atraer a Foucualt. Fréderic Gros, editor de los últimos seminarios de Foucualt, apunta en La hermenéutica del sujeto un dato interesante. Foucault tuvo durante sus últimos años como libro de cabecera el libro El zen en el arte del tiro del arco. Este texto es un clásico escrito por el alemán Eugen Herrigel. En él nos narra su experiencia trasnformadora del tiro al arco. únicamente cuando se desprende totalmente de sí mismo o del objetivo de acertar es capaz de entregarse totalmente al acto. Un duro aprendizaje de años con un maestro zen del tiro al arco le acabará enseñando la lección. Frederic Gros apunta que fue Daniel Defert, compañero de Foucault el que le proporcionó el dato. Es en la clase del seminario citado del 10 de febrero de 1982 ( primera hora) donde Foucault desarrolla el tema. Aquí nos habla del ejercicio espiritual como una práctica que no consiste en centrarse en las propias debilidades para descifrarlas sino en un olvidarse de uno mismo. Hay que poner toda la atención en el acto. hay que pensar en el gesto preciso, en lo que hacemos. Aquí cita explícitamente el tiro del arco de los japoneses como ejemplo, aunque esté hablando básicamente de las propuestas de Marco Aurelio.
 De hecho Foucault ya buscó años atrás, en su visita al Japón, lo que podía aprender de la práctica zen. En el seminario citado Foucault apunta tres prácticas diferentes del cuidado de sí o transformación interna. Por un lado la que apunta Platón, la que señala el helenismo y la que propone el cristianismo. Son tres tipos de ejercicios espirituales. Para Platón se trata de reconocer la ignorancia, mirar al interior y recordar para salvar el alma. Los cristianos siguen, en cierta manera, este planteamiento. La Verdad está en los Textos sagrados pero a partir de ellos uno debe mirar su interior, descifrarlo para reconocer los propios pecados y renunciar a uno mismo y así salvarse. En el caso del cuidado de sí en el helenismo es diferente.No se trata de descubrir sino de construir. Uno debe construir su yo, es decir su propia vida.
 Como nos cuenta Didier Eribon en la biografía más aceptada de Foucault, el filósofo francés hizo a finales de los setenta un viaje al Japón buscando experimentar los ejercicios espirituales de la práctica zen.

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