Para quien busca transformar su vida en obra de arte (eso proponían los antiguos y, desde Nietzsche, los contemporáneos más lúcidos), la filosofía, sin dejar de ser consuelo o alimento, se vuelve autoejercitación: aunque culmine en estudio y arte crítico, una práctica personal que siempre supone la intervención metódica de alguien sobre su cuerpo y su mente.
Página original de Luis Roca Jusmet. Una propuesta de ejercicios y prácticas para la construcción de un sujeto ético que pueda vivir un vida verdadera..
miércoles, 9 de septiembre de 2026
lunes, 6 de febrero de 2023
PROPUESTAS PARA UNA VIDA VERDADERA : HADOT, FOUCAULT Y JULLIEN
Escrito por Luis Roca Jusmet
Pierre Hadot nos recuerda que la
filosofía, entendida como forma de vida, es una educación para adultos. Su
problema central, planteado desde Sócrates es ¿ Cómo vivir”. Es una pregunta
que se hace el adulto cuando quiere vivir de otra manera, no siguiendo lo que
marca la norma. Otra manera quiere decir de una
manera verdadera, desde un perfeccionamiento ético, superando los límites del
propio yo, abriéndose a lo Universal de la Humanidad y el cosmos. Michel
Foucault acaba reivindicando aquello a lo que nos invitaba Kant, en el siglo
XVIII, en su texto ¿ Qué es la ilustración?. Lo
recupera justamente para
reivindicar al sujeto capaz de autorizarse a sí mismo, que superar su minoría
de edad y que ya no necesita un guía espiritual.
Vemos, en definitiva, como estos dos filósofos contemporáneos, desde
formaciones y referencias diferentes, nos invitan a construirnos como sujetos
éticos y a vivir una verdadera vida. Lo cual no deja de ser una alternativa,
desde la profundidad y la apuesta por la libertad que hace el trabajo
filosófico, a las soluciones fáciles del mercado de la autoayuda y a las
ilusiones neoliberales de entender la vida como una empresa. Ya que, como dijo, el gran
filósofo Baruch Spinoza : “Si la vía que, según he mostrado, conduce a este
logro parece muy ardua, es posible hallarla, sin embargo. Y arduo es,
ciertamente, debe ser lo que tan raramente se encuentra. En efecto: si la
salvación estuviera al alcance de la mano y pudiera conseguirse sin gran
trabajo, ¿ cómo podría suceder que casi todos la desdeñan ? Pero todo lo
excelso es tan difícil como raro”.
Pero lo que resulta interesante es que también
lo que François Jullien aporta a este debate entre Pierre Hadot y Michel
Foucault. Lo cierto es que será Foucault quién se acercará a Hadot cuando da un
giro a principios de los ochenta y se interesa por lo que puede aportar la
filosofía antigua ( sobre todo las escuelas helenístico-romanas) pueden aportar
a su teoría de la subjetivación y a la posibilidad de construirnos como sujetos
éticos. Se interesará por la visión de Hadot del sentido originario de la
filosofía como ejercicio espiritual o forma de vida. Se iniciará entre ellos
una breve relación pero la muerte prematura e inesperada de Foucault malogrará
el diálogo. Pierre Hadot dejará clara sus acuerdos y desacuerdos con Foucault , aunque lo que acaba
dejando de manifiesto son, sobre todo, las diferencias. Hubiera sido interesante saber la respuesta de Foucault y, ya que no
pudo hacerlo, podemos imaginar por dónde hubieran ido . Pero lo que nos sugiere François Jullien, aunque lo aplique en otro
contexto ( Grecia-Europa en relación con China), que es la de sustituir la
noción de diferencia por la de distancia.
No se trata entonces de comparar un planteamiento con otro (y que nos conduce siempre a la diferencia)
sino buscar la posibilidad de establecer puentes desde la distancia. Pierre
Hadot y Michel Foucault presentan dos trayectorias totalmente paralelas en las
que no hay convergencia posible ( Roca Jusmet, 2017: 19-49). La salida es,
entonces, buscar puentes que puedan complementarlas, en lugar de dejarlas
separadas o forzar encuentros artificiosos. El puente puede establecerse a
partir del tratamiento de lo Universal que plantea Hadot y el de lo singular
que formula Foucault. Abrirse a lo Universal significa salir de los límites del
yo narcisista para abrirse a la Humanidad, que es lo común con el resto de
humanos y una perspectiva cósmica en la que nos sentimos parte del Cosmos.
Cuando Michel Foucault plantea la necesidad de llevar una estética de la
existencia, de hacer de la propia vida una obra de arte no lo hace para
desarrollar este yo narcisista que cuestiona Hadot. Por el contrario, lo que
plantea Foucault es potenciar la parte más singular, más propia, para desde
ella abrirse a los otros y, porqué no, también al Cosmos.
La segunda aportación que realiza François
Jullien es la de conceptualizar esta vida construida desde el sujeto ético como
“una vida verdadera”. Esta noción de “vida verdadera” podemos considerar que
está implícita en Pierre Hadot, ya que para él lo que hace la filosofía es una
conversión , es decir una transformación del sujeto por
la verdad que repercute en la manera de percibir, de desear, de pensar y de
actuar, es decir de vivir. Todo ello lo concreta de forma magistral en su
estudio de Marco Aurelio, que sería un paradigma de “vida verdadera”. En el caso de Michel Foucault su conceptualización de “vida verdadera”
aparece en su último curso del Collège de France.“El coraje de la verdad. El
gobierno de sí y de los otros”. Aquí es donde Michel Foucault
continúa trabajando el tema de la parrhesia y desplaza su interés de los
estoicos a los cínicos. Aquí habla de una vida verdadera en este mundo de
acuerdo con una verdad ética elegida. A diferencia del cristianismo, es un
ascetismo que no promete otro mundo ni se basa en la obediencia. Es una ascesis
que invita a la construcción de sí como sujeto de una vida verdadera, es decir,
en conformidad con la alteridad de un mundo que se va construyendo en la
ruptura y la transgresión, contra los mecanismos de normalización.
Lo que aporta es una conceptualización no
sobre el tipo de prácticas o de ejercicios sino de su consecuencia de llevarlas
a cabo.. Digo consecuencia y no resultado recogiendo la diferencia que
establece Jullien entre la planificación tal como se entiende en Europa y lo
que surge del proceso de transformaciones silenciosas tal como se plantea en
China. Defiende aquí, por tanto, la idea de eficacia tal como se plantea desde
la tradición de la sabiduría china. François Jullien quiere llegar a un momento de concluir, después
del instante de ver lo que se pensaba en China y del tiempo de comprender sobre
lo que puede ser esta verdadera vida, de inicialmente llamó “vivir existiendo” y luego “una segunda vida” . Integra igualmente su
conceptualización de la des-coincidencia (2018), que le lleva a entender este
vivir existiendo como un vivir en la contradicción, en un proceso abierto que
nunca es igual a sí mismo, en el que siempre hay una tensión de opuestos que
equilibrar. Es un decir no a la inercia, a la rutina, “al ir tirando”, la vida
banal.. No se trata entonces de aspirar a otra vida idealizada, no es perderse
en ilusiones ni buscar momentos extraordinarios. La vida puede
ser otra desde el realismo, desde la singularidad del individuo y una ética que
nos lleve a una vida digna de ser vivida. No es propiamente una conversión (
aquí se distancia totalmente de Hadot y algo de Foucault), sino el darse cuenta
de que frente a nuestra vida normalizada se abre la posibilidad de otra vida
más propia ( aquí se reencuentra con Foucault). Aparece entonces la
des-coincidencia con la vida que vivimos y se abre una alternativa, que vamos
sacando de nuestra experiencia más propia y que tampoco podemos identificar con
la sabiduría, ni con una vida buena, bella y feliz ( distancia de Hadot). Se
trata de experimentar que nuestra vida no es una vida perdida, que es una vida
realizada, que no es una vida alienada, sino que, mejor o peor, es nuestra
vida. No es algo que conseguimos, sino un querer, un procurar vivir, un
mantenernos a flote, un no renunciar, de mantener el combate. Quizás el mejor
final sea el recuerdo de lo que dijo Antonio Machado : “Caminante no hay
camino, se hace camino al andar…” Este caminante que no acepta que le digan por
donde debe ir, es quizás el que se va construyendo como sujeto ético y es capaz
de experimentar “una verdadera vida”.
domingo, 20 de febrero de 2022
lunes, 10 de mayo de 2021
GENEALOGÍA DEL ACTO DE ESCRIBIR “EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA MATERIALISTAS. EL DIÁLOGO (IM) POSIBLE ENTRE PIERRE HADOT Y MICHEL FOUCAULT.”
Escrito por Luis Roca Jusmet
A finales de los años 70 tuve como profesor a
Miguel Morey, inspirador profesor de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la educación
de la Universidad de Barcelona. Me estimuló a la lectura de Michel Foucault: el
de la arqueología del saber y la genealogía del saber, que acababa de publicar
el primer volumen de su Historia de la sexualidad (“La voluntad de saber”).
Después de
licenciarme me dediqué a preparara las oposiciones para profesor de filosofía
de enseñanza secundaria y las aprobé. Durante un tiempo me dediqué a la
didáctica de la filosofía y a los contenidos que quería transmitir a mis
alumnos, entonces de BUP y de COU. Una
vez situado el tema lo combiné con investigaciones informales. Por una parte,
sobre la relación entre budismo zen y filosofía, relacionado con la sabiduría
china y la obra de François Jullien. También con las teorías políticas de
Cornelius Castoriadis, Claude Lefort y Jacques Rancière. Colaboré al mismo
tiempo con la revista El Viejo Topo. Leí a fondo a Slavoj Zizek. Sobre todo
esto publiqué diversos artículos en revista y libros.
Posteriormente estuve
trabajando tres años como profesor asociado en el Departamento de Filosofía de
la Facultad de Filosofía y me dediqué a profundizar sobre la materia que daba, “Filosofía
de la cultura”.
Mi primer libro fue “redes
y a obstáculos”, una investigación sobre el tema del imaginario que recogía el
encuentro entre filosofía y psicoanálisis.
En el año 2010
descubrí en una librería un libro que me llamó la atención: “La Filosofía como
forma de vida”. A su autor, Pierre Hadot, no le conocía. Era una entrevista en
la que este explicaba su trayectoria biográfica y filosófica y cómo había
llegado a entender la filosofía como un ejercicio espiritual. Devoré el libro y
a partir de aquí fui leyendo sistemáticamente toda la obra de Pierre Hadot, que
me pareció extraordinariamente interesante. Al mismo tiempo me llamó l atención
las referencia a Michel Foucault, ya que me parecía que eran dos trayectorias
paralelas que no tenían nada en común. Esto me llevó a la lectura de las
publicaciones de lo que se llamó “el último Foucault”. Entrevistas, artículos,
transcripciones de los últimos cursos que dio en el Collège de France y los
volúmenes segundo y tercero (“El uso de los placeres” y “la inquietud de sí” de
su “historia de la sexualidad”. Pero lo que hice fue profundizar en el curso que
dio los primeros meses de 1982: “La hermenéutica del sujeto”. Todo este trabajo lo plasmé en una serie de
artículos sobre el encuentro entre Pierre Hadot y Michel Foucault, del que
había poca cosa escrita.
A raíz de estos
artículos me di cuenta de que el tema despertaba muchos interés y muchos lectores
de los artículos me preguntaban sobre algún libro que tratara el tema. Pude
comprobar entonces que este libro no existía. Entonces decidí ponerme en marcha
para escribirlo. Me interesaba tender un puente entre ambos, partiendo de la
distancia de sus trayectorias y planteamientos, en esta apuesta ética por la
filosofía como proyecto de transformación interna en una sociedad nihilista cuyas únicas salidas parecen la vuelta a fundamentalismos de todo tipo o la neoliberal de gestionar la propia vida como si fuera una empresa.
El título quería resaltar un doble carácter paradójico. Por una parte el de proponer unos ejercicios espirituales para no creyentes. Materialista en la línea de la propuesta de Louis Althusser de un materialismo aleatorio o del encuentro. Por otra parte la posibilidad de un debate entre Pierre Hadot y Michel Foucault que se malogró por la muerte prematura de este.
martes, 6 de abril de 2021
MICHEL FOUCAULT: EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA MATERIALISTAS
El cuidado de sí es una apuesta ética que implica un conjunto de prácticas (que definirán un estilo de vida), de tecnologías del yo y de ejercicios ascéticos. Todo forma parte de un combate espiritual contra las pasiones (a nivel interno) y contra las formas de dominio (a nivel externo). Hay que aprovechar las oportunidades y saber poner los límites.
El examen de conciencia también es importante; comprende el examen vespertino, a través del cual pensamos lo que tenemos que hacer durante el día y cómo lo tenemos que hacer. Al respecto, Séneca nos da un buen ejemplo: se trata no solo de decir el qué se ha hecho, sino también de compararlo con el qué teníamos que hacer. Es importante entender que esto no tiene un carácter judicial (uno se transforma en un juez de sí mismo) ni de castigo (de penitencia y de culpa, como en el del cristianismo); es una manera de buscar la eficacia en el arte del autodominio, que es el arte de vivir. Encontramos, finalmente, unas técnicas para controlar las representaciones mentales: se trata del dominio mental, el dominio del pensamiento, de sus contenidos. No se trata de descubrir el yo, sino de memorizar el principio. No hay renuncia del yo, hay dominio del yo.
Otro ejercicio espiritual es la parresía; es importante entender el significado del término, porque es la clave de los dos últimos seminarios de Foucault, la primera y la segunda parte del gobierno de sí y de los otros; en estos últimos trabajos, Foucault le da un sentido más político, como interpelación desde la verdad a quien tiene el poder; pero también le da un sentido ético, que aparece sobre todo en el seminario La hermenéutica del sujeto. Quiere decir libertad de palabra, pero hay que entenderlo también como veracidad. La verdad del discurso es la verdad de la vida, puesto que tiene una forma de relación con los otros y con un mismo. Nuestra subjetividad moral está arraigada en estas prácticas. La parresía filosófica se empieza a utilizar como práctica específica de determinadas relaciones humanas, más allá del escenario del ágora o de la corte del rey.
Otra práctica fundamental es la escritura de sí. Es imprescindible un cuaderno de notas, un tipo de diario en el que plasmamos nuestras experiencias; pero no lo hacemos a modo de un diario íntimo, práctica moderna que tendría sus raíces en la idea del yo íntimo, que se deriva del cristianismo; no se trata de descubrirse a uno mismo; no hay nada por descubrir; se trata de construir un carácter, un estilo de existencia. El diario no es tampoco una confesión, práctica evidentemente del cristianismo; escribimos para repasar nuestras prácticas, para saber si vamos bien orientados, para corregirlas. La lectura es más peligrosa que la escritura; la escritura concentra, y la lectura puede dispersar; hay que moderarla y seleccionarla; no se trata de una lectura erudita ni evasiva, se trata de una investigación de la verdad y de una aplicación cotidiana de esta verdad; cada libro tiene que ser una experiencia que integramos en nuestra vida. Lo que es importante es que cada una de estas actividades transforma, es una experiencia interna, un experimento; el mismo Foucault hace de cada libro un experimento.
jueves, 1 de octubre de 2020
CONSTRUIR UN SUJETO ÉTICO
Escrito por Luis Roca Jusmet
El proyecto de construir un sujeto ético a partir de lo que he llamado "ejercicios espirituales para materialistas" es una formulación propia inspirada sobre todo en Michel Foucault y Pierre Hadot. La reflexión sobre su debate a partir de la escuelas alejandrinas y romanas ha sido mi inspiración. Pero no me considero ni foucaultiano ni hadotiano. De Foucault mer interesan las propuestas que aparecen en el tomo tercero de su historia de la sexualidad ( la inquietud de sí), textos como las tecnologías del yo o la escritura de sí y, sobre todo "La hermenéutica del sujeto". Hago mi lectura personal, tomándole la palabra de ofrecer sus escritos como "caja de herramientas". Tomo el término de Pierre Hadot "ejercicios espirituales" y es el conjunto de su obra el que me ha resultado tremendamente sugerente. Pero también el extraordinario análisis de su mujer, Illestrud Hadot, sobre Séneca. De hecho, es la actualización del estoicismo a partir de estos tres autores el que es mi referencia. Igualmente considero la "Ética" de Spinoza como una manera de enriquecer el planteamiento estoico.
Son "ejercicios espirituales" porque quiere producir una realidad que yo llamado "espiritual" y que consiste en superar las limitaciones nuestras determinaciones biológicas. El hombre es un animal no acabado y esta es una línea para hacerlo. Pero es "materialista" porque parte de una concepción del ser humano como cuerpo pensante, es decir como un animal que, aunque desamparado, dispone de unos recursos simbólicos para transformarse en una realidad diferente.
He aprendido mucho del psicoanálisis, especialmente el lacaniano, y del budismo, especialmente el zen. También de las prácticas psicocorporales del qigong. Todo ello está presente en este proyecto. Proyecto que es de cada cual pero que como seres interdependientes y que recibimos un conglomerado heredados, no es solitario. Cuidado de uno mismo y cuidado del otro. Ayuda al otro y ayuda del otro. Lo que se plantea entonces es la figura del Maestro. ¿ Una necesidad o un obstáculo ?
jueves, 21 de mayo de 2020
martes, 5 de mayo de 2020
domingo, 5 de abril de 2020
RESEÑA EN REVISTA BAJO PALABRA, Nº. 17, 2017

Reseña
Roca Jusmet, L. (2017). Ejercicios espirituales para materialistas. El diálogo (im) posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault. Barcelona: Terra Ignota, 154 páginas.
Escrito por Julián Arroyo
Reseña en DORSAL. Revista de estudios foucaultianos nº 4

Ejercicios espirituales para materialistas: El diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault.
Luis Roca Jusmet.
Barcelona, Terra Ignota Ediciones, 2017.
Escrito por Sergio Adrián Palacio Tamayo
El libro Ejercicios espirituales para materialistas: El dialogo (im) posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault, del profesor Luis Roca Jusmet, está estructurado en cuatro capítulos y un epílogo crítico sobre la posibilidad actual de una filosofía como forma de vida. El primer capítulo contiene una introducción general a las biografías de Pierre Hadot y Michel Foucault. En los dos capítulos siguientes se exponen por separado la filosofía como forma de vida (Hadot) y la filosofía como cuidado de sí (Foucault). El cuarto capítulo imagina un diálogo (im) posible entre Pierre Hadot y Foucault. Estudia la crítica que hace Hadot, tanto a la metodología de abordaje de los textos antiguos como al concepto de estética de la existencia de Foucault, y explicita elementos de política y estética en los dos autores. Tanto en este capítulo con en los dedicados a los dos autores se centra en los conceptos Ejercicio espiritual y Tecnologías del yo, pero alude a ellos desde un modo descriptivo. Al final tiende más hacia Foucault por ser su una filosofía que analiza la verdad para entender los regímenes humanos y a la vez, es ontología del presente. Sin embargo, su verdadera discusión es rechazar una filosofía como forma de vida o algún tipo de estética de la existencia desde un carácter materialista que se resalta en el título. Esto da a entender que pese a no concebir un aspecto estético, religioso o trascendente a la práctica de la filosofía si da consentimiento para admitir que tanto los ejercicios espirituales como las tecnologías del yo son motores que sirven al sujeto a para desarrollar su pensamiento lo que daría cierto interés a la vida. El profesor Roca reconoce que el ejercicio espiritual es justificado por Hadot en la medida que responde a una integración de tres tipos de ejercicios que han sido definidos antes por otros historiadores: ejercicios de meditación, ejercicios intelectuales y ejercicios morales o éticos. El concepto ejercicio espiritual los reúne en su dispersión y asegura un espectro más amplio para comprender los textos antiguos. Principalmente porque Hadot centra su argumento en el hecho de que el ejercicio equivale a un cambio de visión de mundo y a una metamorfosis a conquistar gracias a la fuerza de la practica disciplinada exigida por las escuelas filosóficas antiguas. Los ejercicios guían al sujeto hacia un espacio interior que contribuye a que el yo adquiera la capacidad de asimilar la distancia suficiente ante el mundo para vislumbrar su pertenecía a un Todo, lo que inevitablemente señala un grado de misticismo. Por otro lado, Roca reconoce que la apuesta de Foucault es tremendamente opuesta a la de Hadot aunque compartan un interés por el tema de la filosofía antigua. Para Foucault los textos antiguos son fuentes para comprender la genealogía de las técnicas del cuidado de sí, vistas como prácticas que transforman el yo (Tecnologías del yo) y se vinculan a la relación maestro y alumno, en el sentido filosófico antiguo. La fuerza del argumento descansa en que esa filosofía se dispone como un arte que se ocupa de los argumentos comprometidos con la verdad. En ello el sujeto confronta, bajo la coherencia intelectual de una escuela filosófica que le guía, la tiranía de los sistemas de poder propios de la convención y la costumbre. Bajo esa actitud podrá cuidar de sí, de su pensamiento y formará una comunidad de seres que se disponen a hacerse cargo de la ciudad, los otros, de sí mismos. Así, las tecnologías del yo se dirigen a provocar la aparición de verdades ante sí mismo que de otra manera no surgirían. El interrogatorio judicial, la anamnesis psiquiátrica, la confesión cristiana son tecnologías del yo que obligan al sujeto a descubrir para sí mismo y ante otros, una verdad que al ser develada provoca un cambio actitud ante sí mismo. Serán tecnologías que revelan al yo la realidad de sectores del mundo y de sí mismo que se asumen como garantes de verdad, de conocimiento espiritual. Así mismo, cuando el filósofo francés alude a las tecnologías del yo está indicando que las transformaciones que se dan en el sujeto siempre tienen amarras terrenales que le evitan ascender a ese misticismo que propone Hadot. Por tanto, mientras esté ultimo nota una verdad trascendente en la filosófica como forma de vida, Foucault precisa que el cuidado de sí, fue en principio un precepto reducido a unas elites capaces de sostener acciones de ocio encaminadas a la espiritualidad. Esa mirada elitista, restringida y acorde a un grupo de gente capaz de destinar su vida a estas prácticas, involucraba disfrutar una condición especial que sostuviera esta elección y al no tenerla, las condiciones para acceder al grupo dependían de las relaciones de amistad. Más tarde, estás prácticas del cuidado de sí, se diversificaron con la asimilación de la filosofía antigua en el cristianismo lo que significó una apertura para el sujeto que pudo buscar en sí mismo la verdad y con esto asimilar la vida bajo el criterio de verla como una estética del cuidado de sí. En definitiva, es necesario tener claro que tanto Hadot y como Foucault, estudian esta forma de vida filosófica o la estética de la existencia, con la intención de confrontarlas con la actualidad ética. Sin embargo,conservan un esfuerzo metodológico para observar la filosofía antigua en su contexto histórico. Finalmente, luego de discutir a los dos autores, en el Epílogo del libro, el catedrático Luis Roca Jusmet formula un no rotundo para una filosofía como forma de vida (Hadot) o la estética de existencia (Foucault). Es necesario ver que más allá de la propuesta materialista de Roca, en cuanto a no aspirar una filosofía que transforme la vida, queda abierta la interpretación de por qué esforzarse por una lectura atenta de los dos autores a los que dedica el libro, cuando al final su orientación llama a los que no siguen una religión, no creen en ningún Dios ni asumen la inmortalidad del alma o dudan de su existencia. La respuesta es porque pese al materialismo expreso existe intención por el trabajo interior lo que revindica al considerar que prácticas como la lectura, la escritura, el examen de conciencia, vivir el presente y la visión global son importantes estrategias para dar lucidez al pensamiento filosófico lo que convierte la vida en algo interesante y no en una forma de vida. Sin embargo, es necesario explicar qué entienden Hadot y Foucault con esto. Consideran que la filosofía antigua está al servicio de los seres humanos y destinada a satisfacer necesidades profundas de entendimiento de las perplejidades que la vida propone a cada uno. Radica además en entender que las escuelas filosóficas helenísticas conciben un filósofo capaz de curar como médico compasivo las vicisitudes abundantes del sufrimiento humano: el temor a la muerte, el amor, la sexualidad, la cólera, la agresión, las pasiones. Al preocuparse por el estado de los deseos y el pensamiento de los discípulos de cada escuela se ven directamente involucrados en el estudio de la psicología humana. Comprometen en este acercamiento la apertura a conocer los aspectos intangibles del alma, pero manifestados en una red de emociones, pasiones, ideas que se reconducen por medios de estrategias hacia el propio sujeto con el fin de obtener autoconocimiento. Estas estrategias interactivas, pedagógicas, retóricas, literarias, morales, son los ejercicios espirituales (Hadot) o las técnicas de sí (Foucault). Además, ambos autores ponen su atención sobre la situación inestable que se daba en el período que comprende el helenismo. Esa vida humana que se intenta comprender responde a la distancia de los dioses, la inestabilidad política tras la muerte de Alejandro Magno, la alteración de la vida en los grandes centros de pensamiento del imperio, el surgimiento del cristianismo y una profunda crítica social. Estas escuelas helenísticas comparten una elevada preocupación por la vida de los apegos, la perdida y el sufrimiento humano. En ese orden de ideas, las escuelas filosóficas antiguas ofrecerán un lugar con las condiciones necesarias para la buena vida de los seres humanos a los que la sociedad en decadencia hace sufrir. De ese modo comprendemos que sí Aristóteles le asigna a la política la labor de brindar a la gente las condiciones para prosperar y llevar una vida feliz, los estoicos, cínicos y epicúreos, se comprometen a un valor intrínseco con la acción política que les hace indiferentes ante las situaciones mundanas, enfocados en buscar la vida feliz y la realización plena de la humanidad exigiendo el cambio interior. Ven que la transformación es posible cuando el deseo y el pensamiento, habitualmente estructurado dentro de la sociedad, se ve confrontado por nuevas formas de ruptura. Sus terapias filosóficas describen y dan forma a la educación como forma ideal de comunidad. Con su actitud de oponerse, mostrar y denunciar las estructuras que deforman la actitud filosófica como forma de vida o estética de la existencia, emprenden una nueva representación del filósofo que estaría más conectado con verdades trascendentes. Con lo anterior Roca concluye que la interpretación de la filosofía antigua que hace Foucault es más sostenible para comprender la ética del presente en comparación con la propuesta de Hadot. Según el catedrático, Hadot no hace más que una idealización de aquel pensamiento, que es leído con visión mística y melancólica, lo que puede ser discutible en cierto grado. Si bien es innegable que Hadot idealiza la práctica de una filosofía como forma de vida también es innegable que la fortaleza de su estudio subyace en un método filológico que se esfuerza, no sólo por recomponer el texto en su historicidad, sino por una hermenéutica que responde ante la reconstrucción del proceder filosófico en la antigüedad, respetando los límites de cada escuela filosófica. Los textos antiguos son la fuente para trazar una línea de espiritualidad filosófica que deviene desde la antigüedad como una forma de vida.
RESEÑA DE ALBERTO SILVA EN LA REVISTA OTRA PARTE
Reseña de
Ejercicios espirituales para materialistas. El diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault
Barcelona : Editorial Terra Ignota, 2017
Para quien busca transformar su vida en obra de arte (eso proponían los antiguos y, desde Nietzsche, los contemporáneos más lúcidos), la filosofía, sin dejar de ser consuelo o alimento, se vuelve autoejercitación: aunque culmine en estudio y arte crítico, una práctica personal que siempre supone la intervención metódica de alguien sobre su cuerpo y su mente.
PIERRE HADOT Y MICHEL FOUCAULT : ACUERDOS Y DESACUERDOS
Escrito por Luis Roca Jusmet

Michel Foucault se interesa en su última etapa, desde el principio de los ochenta, por los trabajos del helenista Pierre Hadot. En los volúmenes segundo y tercero de su Historia de la sexualidad, Foucault reivindica el término ejercicios espirituales que emplea Hadot para referirse a la filosofía antigua; lo hace en el prefacio de El uso de los placeres, y en un capítulo de La inquietud de sí. Foucault citará también a Hadot de manera puntual, siempre elogiosa, en La hermenéutica del sujeto; tiene con él algunas conversaciones puntuales y lo propone como profesor en el Collège de France a raíz de una plaza vacante, que finalmente ocupará.
El segundo es su visión de que no hay ruptura entre la filosofía clásica de la polis de Atenas y la del helenismo; según la versión convencional, la polis creaba un sentido comunitario político, y la ética se entiende de esta manera como subordinada a la política; esto lo encontramos en Sócrates, Platón y Aristóteles. Con el helenismo se disolvería la polis, con lo que aparecerían la angustia, la incertidumbre y la inseguridad; como consecuencia, la sociedad le pediría a la filosofía que sea un arte de vivir, para que nos oriente en un mundo cambiante; esta situación hace que desparezcan también las preocupaciones metafísicas y cosmológicas. La supuesta pérdida del elemento teórico y político para pasar a una preocupación exclusivamente ética es, para ambos, cuestionable; lo es por las razones antes expuestas: la filosofía es entendida, en toda la antigüedad, como una forma de vida y un ejercicio espiritual, como una práctica.
UNA INTELIGENTE RESEÑA SOBRE "EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA MATERIALISTAS. EL DIÁLOGO (IM) POSIBLE ENTRE PIERRE HADOT Y MICHEL FOUCAULT

Es siempre grato encontrar un libro como el de Luis Roca Jusmet. Poseyendo el rigor de una monografía se desarrolla con la desenvoltura de quien practica con libertad ese ejercicio de lectura interminable que es la filosofía. Y lo hace comparando un autor tan conocido y celebrado como es Foucault y un autor y filósofo menos conocido como es Hadot. El libro aporta por un lado una información muy necesaria para dar a conocer este último, y por otro y a la vez un acercamiento al llamado último Foucault, a partir del interés común entre ambos en torno a la construcción de la subjetividad tras la tormenta posmoderna. El lector puede hacer un muy grato recorrido por los avatares biográficos y filosóficos de ambos autores, por sus puntos de encuentro y sus no pocas diferencias, orígenes y trayectorias. Solo con eso estaríamos ya ante una obra notable, pues constituye una excelente y breve introducción a ambos, más necesaria si cabe en el caso de Hadot, pero igualmente valiosa y útil para el caso de Foucault, teniendo en cuenta la perspectiva desde la que se aborda, que es el énfasis en ese llamado último Foucault y que rompe con algunos de los estereotipos, o ayuda a hacerlo, acerca de ese Foucault posmoderno tan celebrado en medios académicos y por otra parte tan alejado de lo que fue su verdadera trayectoria y sobre todo su evolución en los últimos años de su vida.
lunes, 4 de noviembre de 2019
LOS ENCUENTROS DE PIERRE HADOT

Escrito por Luis Roca Jusmet
Sostiene Pierre Hadot que el destino de cada cual es el resultado del azar y la necesidad interna. Lo cual quiere decir que cuando nos cruzamos con algo que, involuntariamente, nos produce una transformación entonces hay un encuentro. Encuentro que, siguiendo a Spinoza, podemos decir, que es bueno si aumenta nuestra potencia y alegría y es malo si disminuye nuestra potencia y nos entristece. Presento aquí unos buenos encuentros de Pierre Hadot. Encuentro con textos a los que aplicando su concepción de la lectura como ejercicio espiritual le produjeron una transformación interna.
1. EL ENCUENTRO CON MONTAIGNE
Cómo ! ¿ No has vivido ? Esta no es solo la fundamental sino la más ilustre de las ocupaciones (...). La grande y gloriosa obra maestra del ser humano es vivir de modo conveniente.Todo lo demás : reinar, atesorar, edificar... no son más que pequeños apéndices y adminículos a lo sumo"
Ensayos Miguel de Montaigne
La frase que he colocado al principio está permanentemente en la mente de Hadot : la cita en varias obras y en el inicio de su libro "¿ Qué es la filosofía antigua ?". Porque en este fragmento Hadot encuentra expresado de manera extraordinaria el valor infinito de la vida. Montaigne, que se consideraba "Un filósofo accidental y fortuito", entendió que había recuperar el sentido antiguo de la filosofía como forma de vida.
Hadot lo cita, de manera puntual pero significativa en dos de sus últimas obras. En "El velo de isis" en un fragmento que señala el misterio de la vida, en el sentido que la vida es también un camino hacia la muerte". Ya anteriormente había Hadot señalado que en su libro "Ejercicios espirituales" Montaigne había retomado la formulación platónica de la "filosofía como aprender a morir". Y en "No te olvides de vivir. Goethe y la tradición de los ejercicios espirituales" hadot concluye con la frase de Montaigne, que situa claramente en esta tradición de la filosofía como ejercicio espiritual.
2. GOETHE
" El estremecimiento sagrado, he aquí la mejor parte del hombre. Por muy caro que el mundo le haga pagar lo que experimenta, es en el sobrecogimiento donde siente profundamente la realidad prodigiosa.
Espor el estremecimiento que existo,"
"Fausto" J. W. Goethe
Esta es una de las citas con las que se identifica y que recoge Pierre Hadot al final de su libro "La filosofía como forma de vida"
En el libro que Pierre Hadot le dedica y que recoge todos los escritos sobre él ("No te olvides de vivir.Goethe y la tradición de los ejercicios espirituales") dice que Goethe fue siempre uno de sus autores favoritos. Lo cierto es que los textos son tardíos : van del año 1985 al 1995 ( entre los 63 y los 73 años ). El libro lo publicó el año 2008 ( a los 86 años, dos antes de sus muerte). Explica que este especial interés por Goethe en los últimos años de su vida le vino cuando dio un giro al "memento mori" de platónicos, cristianos y románticos : "no te olvides del morir". El giro consistía en la perspectiva goethiana, heredada de Spinoza : "memento videre" ( "no te olvides del vivir").
En la entrevista que le hicieron Jeanne Carlier y Arnold I. Davidson Hadot explica que se interesó por Goethe a partir de 1968. Lo entiende como alguién dividido entre el terror y la maravailla. Per le interesa, sobre todo referido al ejercicio espiritual de vivir el presente. Hadot dice que lo que hace el escritor alemán es retomar la idea, que comparten epicúreos y estoicos, de que la felicidad se encuentra en el presente. El otro ejercicio espiritual que cita es la mirada desde lo alto.
Veamos como lo trata de manera más precisa en el libro dedicado a Goethe. El primer capítulo ("La presencia es la única diosa que adoro") trata justamente de la necesidad de concentrarse la experiencia del momento presente. Lo hace recorriendo las figuras de Fausto y de Helena, como un diálogo metafórico entre la figura simbólica de lo moderno y lo antiguo. La plenitud del presente y la inquietud de lo nostálgico. Goethe combate a los románticos modernos que huyen de la banalidad de lo cotidiano con la nostalgia del pasado o del futuro. Reivindica el valor antiguo del presente que consiste, no en huir de lo cotidiano y evadirse en quimeras, sino descubriendo su riqueza y transformándolo en algo valioso. Como proponen los epicúreos, vivir cada instante como si fuera el último. Decir cada noche : "He vivido" , como propone Marco Aurelio.Séneca nos recuerda también que hay que evitar el temor por el futuro y el recuerdo de la adversidad. Hay dos aspectos diferenciados y complemantarios : el valor del instante excepcional, el de la ocasión "brindada por los dioses" y el del instante cotidiano, la eterna presencia de las cosas en su devenir.
El segundo capítulo trata justamente del segundo ejercicio espiritual que Hadot vislumbra en Goethe : "La mirada desde lo alto y el viaje cósmico"). Nos explica la experiencia por Goethe: sentimiento de comunión con la tierra y el cielo que se traduce en un movimiento de elevación del alma por encima de sí misma. Incluso esto se reflejaba a nivel físico en que el hombre antiguo buscaba las cumbres, los lugares elevados. La ascensión se entendía como un ejercicio espiritual de contemplación del mundo. Pero es también un ejercicio de la imaginación en la que nos imaginamos contemplándonos desde lo alto.
El tercer capítulo trata del tercer ejercicio espiritual : la esperanza( "Las alas de la esperanza"). De entrada recupera dos nociones griegas : el Daimon y la Tyche. Daimon es el carácter individual, como algo que es a la vez lo que somos y lño que nos trasciende, lo que elegimos y lo que nos elige. No podemos liberarnos de nosotros mismos. Tyche viene a ser la Fortuna. Es el encuentro entre lo que viene de dentro y lo que viene de afuera. Aparece también Ananke, la Necesidad. Determinación y ley es la condición de toda existencia. A mí, la verdad, me suena muy spinoziano.Lo paradójico es, entonces, el papel de la Esperanza, que aparece como una potencia que supera a todas las demás, porque es el movimiento del Espíritu que trasciende la Necesidad.
El capítulo 4 ( "Sí a la vida") viene a ser la conclusión de los tres anteriores. Porque finalmente los tres ejercicios espirituales anteriores conllevan una forma de vida que puede resumirse en este enunciado: "El gozo de existir". Con los antiguos y contra los modernos románticos, dice Goethe. Pero hay que aceptar el devenir del ser : creación, transformación y destrucción. Hay que aceptar la muerte. Lo cual implica renunciar a la propia individualidad para abrirse a lo Universal.
En la conclusión del libro dice Pierre Hadot que se han mostrado los dos temas del Velo de Isis : las dimensiones cósmica y estética de la existencia. La intuición fundamental de Goethe es la de entender que la realidad es un "actuar eterno y vivo". "No te olvides de vivir" recoge a la vez la propuesta estoica ( de hacer el deber) y la epicúrea ( de gozar).
Hemos citado el velo de Isis y efectivamente Goethe está muy presente en este importante libro de Pierre Hadot: "El velo de Isis. Ensayo sobre la historia de la idea de Naturaleza", que publicará en el 2004 , cuatro años antes. aquí está muy presente Goethe, no solo en la línea anteriormente apuntada sino también en su concepción de la Naturaleza. La de un Mundo de Formas al que se accede por la percepción estética y que nos permite entender los fenómenos originarios : polaridad y ascensión, espiral y línea serpentina
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