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miércoles, 7 de octubre de 2020

ALGUNOS COMENTARIOS A LAS EPÍSTOLAS DE SÉNECA A LUCILIO

 Escrito por Luis Roca Jusmet



 Las epístolas de Séneca a Lucilio hacen de este género un extraordinario medio de expresión filosófica o, como diría Pierre Hadot, de ejercicio espiritual. A diferencia de las cartas, que se consideraban algo pri
vado, las epístolas se entendían como algo a compartir porque suponían unas enseñanzas que tenían un valor universal. 

 En su primera epístola Séneca le transmite a Lucilio la necesidad de aprovechar el tiempo. El tiempo nos lo toman, nos lo roban, huye o simplemente pasa por negligencia.¿ Qué entiende Séneca por ganar y por perder el tiempo? Ganar quiere decir para él dedicarnos a lo que mucho más tarde Pierre Hadot llamaría ejercicios espirituales. Dialogar, escribir, leer, pero sobre todo vivir. Vivir de manera atenta, consciente, serena. Es la propia vida lo que está en juego, lo único que importa. Es en lo ordinario, es en lo cotidiano donde hemos de aprovechar el tiempo. En cada una de nuestras prácticas. François Jullien lo llama "vivir existiendo". El tiempo nos lo roban o nos lo quitan cuando nos vemos obligados a emplearlo en prácticas que no tienen sentido para nosotros. El tiempo huye en porque la vida pasa demasiado rápida, es muy breve. Pero sobre todo es la negligencia. Es la indolencia, este ir haciendo, la rutina que nos embota. Kant decía que la pereza, junto al miedo, eran los dos grandes obstáculos para que el ser humano fuera capaz de emanciparse, de responsabilizarse de sí mismo. Séneca critica en otros textos en lo que los antiguos de llamaban la stulticia. Es una actitud dispersa, del veleta que se deja un llevar por los otros., del que pasa superficialmente de una cosa a otra. Es también lo que Nietzsche anunció como el último hombre: el nihilista que se adapta a la falta de valor y sentido de su vida, que va tirando y que lo único que busca es pasar el tiempo y evitar el dolor.
Séneca no se presenta aquí como el hombre perfecto. Reconoce sus pérdidas. El tiempo es lo único que tenemos dice y hay que aprovecharlo. No se trata de lo mismo que dicen los neoliberales cuando proponen entender la propia vida como una empresa. La rentabilidad de la que habla Séneca no es económica, es ética.

 La segunda epístola de Séneca a Lucilio trata sobre la necesidad de centrarse. Aunque habla, aparentemente, de los viajes y de las lecturas, Séneca critica la falta de un hilo conductor en la vida, de un centro a partir del cual podamos saber lo que queremos y seguir una línea de conducta. Hoy en día se vive lo contrario, en este imperio de lo efímero en que vivimos, en este "usar y tirar", vivir en lo efímero. Quizás el problema de las nuevas generaciones no es que estén vacías, es que están demasiado llenas :de estímulos, de imágenes de opiniones...Los psicoanalistas lacanianos también hablan de este goce inmediato que imposibilita la falta y, por tanto el deseo. La superficialidad, la dispersión, la curiosidad por la anécdota, todo nos lleva a la línea que apunta Séneca. Peto también el mito neoliberal de que un individuo si quiere, lo puede todo. Esta epístola también vale en para señalar los límites del individuo, en el espacio y en el tiempo. Seleccionemos lo que nos interesa, dediquemos a ello nuestro esfuerzo. No se trata de cerrarse, se trata de centrarse.

 En la epístola 5 de Séneca a Lucilio le plantea la necesidad de vivir el presente y no el futuro.¿ Pero qué quiere decir Séneca cuando dice "presente" y cuando dice "futuro"? El presente no es este instante que al final se desvanece. Tampoco es el "carpe diem", el vivir el día sin vivir en función de proyectos futuros. El futuro tampoco es el porvenir. El presente no deja de ser el paso del futuro al pasado, es decir un proceso. Séneca se refiere a la necesidad de poner atención en lo que hacemos, en aprovechar de este tiempo que disponemos ahora, de ocuparnos de lo que estamos viviendo en las circunstancias actuales. El futuro son sobre todo lo que imaginamos que vendrá, sea perjudicial o benéfico. En el primer caso es temor o ansiedad, en el segundo deseo, siempre vinculado a la falta. El gran filósofo español del siglo XX Agustín García Calvo ya nos avisaba que vivir para el futuro es una forma de administrar la muerte. Tampoco es bueno centrarse demasiado en el pasado, sea como nostalgia o como culpa. La imaginación y la memoria pueden volverse contra el propio ser humano si no sabe administrarla bien. 

 En la epístola 6, lo que dice Séneca a Lucilio es breve pero muy interesante. La primera idea es sobre el carácter transformador que tiene el conocimiento de uno mismo. La segunda idea es sobre el inmenso valor de la amistad, entendida en su sentido más pleno. La tercera idea es que lo que nos enseña no son los discursos sino las prácticas. La última idea es que lo más importante es ser amigo de uno mismo, que quiere decir aceptarse y quererse. Únicamente el que es amigo de sí mismo puede serlo de los otros. Y esta persona siempre estará acompañada por él mismo.Estará solo, pero no se sentirá solo.

En la epístola 12, Séneca nos habla de las ventajas de la vejez. Partimos que la vejez es una necesidad natural de la vida humana. Todos envejecemos porque estamos vivos. El primer ejercicio está en la base del estoicismo y consiste en aceptar lo inevitable. El segundo ejercicio consiste en entender que la vejez lleva algunas ventajas y por tanto hemos de acogerla con alegría.¿Cuáles son las ventajas de la que nos habla Séneca? : la serenidad, la sabiduría que conlleva la experiencia, la tranquilidad de la declinación de la urgencia del deseo. El tercer ejercicio consiste en vivir cada día como si fuera el último, aprovechándolo al máximo y dando sentido al conjunto de nuestra vida. Séneca nos recuerda del absurdo de angustiarse por considerar que tenemos la muerte cerca. ¡Todos tenemos la muerte delante! seamos jóvenes o viejos. "Amanece que no es poco", como dice el título de aquella estupenda española.

La epístola 16  trata sobre el discurso verdadero. De entrada hay que puntualizar que para Séneca la filosofía es una forma de vida y, por lo tanto el discurso siempre está orientado a la práctica. La palabra que transmite verdad debe ser, para Séneca, lenta y no precipitada. Ha de ser sencilla, clara y austera. La filosofía no es retórica, no pretende seducir ni impresionar al que la oye. Quiere transmitir verdades. Esta carta me recuerda la contraposición que hace Michel Foucault en su " Hermenéutica del sujeto" entre filosofía y retórica. También, por supuesto, la noción de parrhesís o el coraje de decir la verdad, que Foucault plantea en este curso pero que desarrollará en los dos posteriores, que por cierto fueron los últimos.

 La epístola 49 es muy importante: trata sobre la necesidad de aprovechar la brevedad de la vida. Algunas joyas conceptuales contenidas en ella: " Infinita es la velocidad del tiempo, más visible a los que dirigen la mirada hacia atrás. Porque él engaña a los que atienden solo al presente, tan breve es el paso de su precipitada fuga".

"Enséñame algo contra estos males. Haz que no huya de la muerte y la vida no se me escape. Procúrame exhortaciones contra los males inevitables; ensancha las angosturas de mi tiempo. Enseñame que el bien de la vida no radica en su extensión, sino en su uso y que puede pasar, y muchas veces ocurre, que el que ha vivido mucho haya vivido poco."

 La epístola 75 trataobre la sencillez en el estilo, que quiere decir que hemos de expresar lo que sentimos y sentir lo que expresamos, sin adornos ni fllorituras. El filósofo es como un terapeuta del alma y, al igual que al médico lo que queremos es que sepa curar. Si se expresa con elegancia será un valor añadido, pero no es lo importante. Los enfermos del alma son los que acaban cronificando sus pasiones, transformándolas en actitudes y conductas, es decir en hábitos. Séneca aquí habla con realismo, recalcando los matices. Algunos tienen pasiones en pero no las cronifican, otros se liberan de unas pero no de otras. El ideal es ser libre. Volvemos a ver la afinidad con Spinoza .Pero también con Michel Foucault en su reivindicación del sujeto ético.

 La epístola 91 tiene una gran actualidad. Trata sobre los desastres imprevisibles y de la importancia que nuestro espíritu esté preparado para encajarlos. Se trata de la fortuna, que viene a ser todo lo que nos ocurre y nos afecta pero que no depende de nosotros, de nuestros actos. Lo primero a que nos interpela Séneca es a estar preparados. Ser conscientes de lo vulnerables que somos y lo frágil que es todo lo que queremos. Todo lo que se ha construido puede ser destruido. Todo es efímero, impermanente, como dicen los budistas. Una vez ocurre lo peor hay que mantenerse sereno. Claro que nos afectará, que nos dolerá. Pero debemos mantener la serenidad, estar a la altura de las circunstancias, que estas no nos superen ni nos hundan. Y quién sabe, como decía un cuento taoísta, de lo peor puede venir lo mejor porque el tiempo es el que nos dirá las consecuencias finales de cada acontecimiento

La epístola 93 de Séneca a Lucilio trata sobre el valor de la vida. Parte de la premisa, que a veces queremos olvidar, que la vida es mortal. la. Lo cual quiere decir que hay que valorar la vida aceptando la muerte. En esto se parece a Epicuro y Spinoza a los dos : "Hay que pensar en la vida, no en la muerte". Pero no perdiendo de vista nuestra finitud. Lo que importa no es la duración sino la intensidad, no lo cuantitativo sino lo cualitativo, no el cuánto sino el cómo. Los años que vamos a vivir, dice, no depende de nosotros, sino lo que hacemos en este tiempo. Por supuesto muy condicionados, pero depende de nosotros la actitud frente a lo inevitable y, sobre todo, nuestras decisiones frente a lo que está por venir. El valor se lo damos nosotros, sea cual sea su duración. Es lo que importa éticamente.

 En la epístola 101 nos propone que vivamos cada día con plenitud por la conciencia de nuestra finitud. Séneca nos interpela a vivir el presente y no vivir para el futuro, sea por esperanzas o por cálculos. Me recuerda lo que decía Agustín García Calvo cuando decía que " el vivir para el futuro" era una forma de "administración de la Muerte". Muy oportuna, en estos tiempos de pandemia, esta reflexión sobre la incertidumbre del porvenir. Lo que importa, además, no es vivir mucho, sino vivir bien. La intensidad de lo vivido, el no desperdiciar ninguno de los días que vivimos. Podemos relacionarlo también con Montaigne, cuando contestaba a un amigo que le CV decía que no le había escrito porque no le había pasado nada.” ¿ No has vivido estos días ?" le dice Montaigne. ¿Te parece poco? Si vivir es lo más importante de lo que nos ocurre. Hacer que cada día sea un reto, este es el desafío. La vida es la prueba para la filosofía entendida como una práctica

En la epístola 116 a Lucilio, Séneca plantea la necesidad de suprimir las pasiones. Pero vale la pena aclarar que es lo que debemos entender, en este contexto, por pasiones. Desde luego no los deseos o los afectos. Séneca no nos propone un mundo sin deseos ni afectos sino un mundo en el que estos no te atrapan. Aquí también hay una similitud con Spinoza. La pasión es un deseo o un afecto que va creciendo apoderándose del que lo padece. La defensa que tenemos frente a esta dinámica es la distancia que nos permite la razón. La pasión nos proporciona un goce y por esto no queremos abandonarla. Pero debemos entender que nos esclaviza y que si queremos ser libres hay que renunciar a este goce.

 Es una selección arbitraria pero en todo caso son las que me han insipirado a comentar.


jueves, 4 de abril de 2019

EL EXAMEN DE SÍ COMO EJERCICIO ESPIRITUAL





Escrito por Luis Roca Jusmet



 He leído la traducción de un artículo que recoge dos conferencias que Michel Foucault dió en Darmoth en otoño de 1980. Era la época en la que estaba dando el curso "Subjetividad y verdad" y se preparaba para el siguiente : "La hermenéutica del sujeto." El artículo se titula precisamente "Sobre el comienzo de la hermenéutica del sujeto". El traductor es Jorge Álvarez Yagüez y está recogido en el libro editado y traducido por este mismo bajo el título de La ética del pensamiento. Para una crítica de lo que somos ( Biblioteca Nueva, 2015).
 El texto trata del autoexamen, "el examen de conciencia" que se proponen los estoicos al principio y, sobre todo, al final del día. El examen vespertino es imprescindible, imaginar mentalmente lo que haremos durante el día y cómo debemos hacerlo. Marco Aurelio añade el matutino, que es un repaso de lo que hemos de hacer y cómo lo hemos de hacer.
 Foucault quiere señalar la transformación que va desde el estoicismo ( lo ejemplifica en Séneca) hasta el cristianismo,ejemplificado en la vida monástica. Aquí  "el examen de conciencia" tiene una doble finalidad ajena a lo planteado por el estoicismo : la búsqueda de la verdad sobre sí ( el yo) y la renuncia del mismo yo. Se busca saber la verdad del propio deseo, de los propios pensamientos para neutralizarlos. Uno se convierte en el juez de sí mismo y condena los deseos que son pecaminosos. El objetivo final es eliminar los deseos egoístas para purificarse y llegar a la contemplación de Dios. Ello enmarcado en una relación jerárquica, es decir, en la obediencia absoluta al superior en cuanto que este es el representante de Dios.
 Para el estoicismo el autoexamen vespertino tiene un carácter muy distinto, puramente administrativo: es como una especie de balance del día, de ganancias y pérdidas. Balance que debe servir para rectificar lo que ha ido mal, corregirlo y así mejorar nuestros actos en el futuro. No hay ninguna obediencia porque el maestro estoico es, en todo caso, alguien que nos guía temporalmente para ayudarnos a conducir nuestras vidas según unos determinados principios, que son los de la escuela, en este caso del estoicismo. Son los principios que elegimos como forma de vida.
 La reflexión de Foucault es que las tecnologías del yo del estoicismo no deben ser entendidas como tecnologías de la verdad, como un viaje hacia el descubrimiento de nuestro yo oculto, tal como plantea el cristianismo. El psicoanálisis. sigue siendo para Foucault una herencia del cristianismo, ya que lo que hace es buscar este deseo oculto, inconsciente.   Foucault se pregunta entonces como pueden plantearse hoy estas tecnologías del yo. Lo hace insinuando una vuelta a este sentido pre-cristiano y pre-psicoanalítico ( casi podríamos decir pre-psicológico) que apuntaba el estoicismo. Olvidarnos de la búsqueda de un supuesto yo interno y construirnos como sujeto ético. Aquí el autoexamen es un instrumento, una teconología del yo que sirve para ir evaluando la adecuación cotidiana a unos principios y unos valores,aquellos que hemos elegido como orientadores de nuestra vida.





martes, 1 de mayo de 2018

LA HERMENÉUTICA DEL SUJETO : UNA SELECCIÖN DE CLASES

Resultado de imagen de la hermeneutica del sujeto

Escrito por Luis Roca Jusmet

 Resumen de una selección de las clases del curso "La hermenéutica del sujeto", impartido en el Collège de France el año 1982 . Edición establecida bajo la dirección de François Ewald y Alessandro Fontana por féderic Gros. Traducción de Horacio Pons. Editada por Akal.

 Clase del 20/01/1984. En esta clase señala los cambios que se dan en el epimesleisthai heautou en la etapa que Michel Foucault considerará la Edad de Oro del cultivo del yo : el Alto Imperio Romano ( siglo I  y II d. J.) Las referencias son a la escuela estoica y a los representantes de esta etapa: Mussonio Rufo, Epicteto, Séneca y Marco Aurelio. Pero los ejemplos que pone son, sobre todo de Séneca. De todas maneras a veces generaliza con el epicureismo, aunque las referencias son a Epicuro, que es anterior ( época alejandrina ).
 Lo importante de esta época es que la Epimeleisthai heautou ( el cuidado del yo) adquiere unas nuevas dimensiones :
 1) Dimensión universal y solución particular
 Se convierte en una propuesta universal. No una ley, como Foucault deja muy claro. Es una llamada universal, a cualquiera ( sin distinción de status, sexo u origen) pero a la que se apuntan los interesados, y lo hacen a una escuela concreta ( solución particular). Estas escuelas no son jerárquicas, hay únicamente una división operativa en función de la capacidad. Esto podemos relacionarlo con la aceptación que hace el filósofo francés de las relaciones de poder pero manteniendo la crítica a las relaciones de dominio verticales y unidireccionales. Cada escuela es una elección de vida compartida a través de la amistad.
2) El objetivo del cultivo del yo es ser libre
La finalidad no es el gobierno de los otros. No se buscar el gobierno de sí para poder gobernar a los otros. La finalidad es el cuidado de uno mismo. Es una cura, una liberación, una terapia del alma. Se basa en un trabajo, un esfuerzo, unas tecnologías del yo para emanciparse, para liberarse de la esclavitud de las pasiones. El cultivo del yo no se basa solo en el autoconocimiento sino en un conjunto heterogéneo de tecnologías del yo. Se trata de una determinada mirada que conduce a una transformación interna, a una metanoia, a un estado nuevo de serenidad. Hay prácticas corporales, de autoexamen. Tienen una función correctiva, terapéutica para la ética como práctica de la libertad.
 3) El trabajo en la escuela no es pedagogía
 La pedagogía es el aprendizaje que conduce a la vida adulta, el que nos hace salir de la adolescencia armándonos ( paraskeve) para la vida social ( aunque el extraña que Foucault utilice un término que es moderno ). Lo que se aprende en la escuela es más un desaprender lo que te han enseñado que un aprender. Tiene una función crítica de lo que hoy diríamos la ideología. Tampoco se trata de descubrir un yo oculto. Se trata de construirse a uno mismo, de inventarse. 
 Para precisar más este planteamiento Foucault recurre a varias enseñanzas de Séneca. La primera es que, aun aceptando las etapas de la vida ( y la metáfora de las cuatro estaciones : niñez, juventud, madurez y vejez) hay que entenderla como un unidad en las que no hay una división radical por etapas. Una unidad dinámica, por supuesto, pero sin compartimentos estancos. La vejez debe entenderse casi como la finalidad de la vida. Aunque la sociedad griega valoraba la vejez desde la sabiduría no dejaba de considerarse una fase de debilidad. Séneca plantea un elogio incondicional de la vejez, que comenzaba a los sesenta años. Hay que vivir para ser viejos, no en sentido biológico sino planteando la vez como el ideal del sabio, del que ya no espera nada. Esta Edad de Oro es la de la subjetivización, en la medida que está centrada en el conocimiento de uno mismo y el trabajo sobre uno mismo.

 Clase del 17/02/1984. Voy a entrar directamente en el momento de la clase en que habla del estoicismo como ejemplo de conversión, es decir de transformación del sujeto por el cultivo de sí. Señala que en ellos tiene una gran importancia el conocimiento de la naturaleza y su relación con el conocimiento de uno mismo. Trata el tema desde los textos de Séneca. 
 Séneca plantea que hay que recorrer el gran círculo del mundo y conocer sus causas y principios. Hay que olvidarse de lo anecdótico de las crónicas históricas. Hay también que practicar el autodominio y saber estar, sereno, a la altura de las circunstancias y combatir los efectos del azar adverso. Hay que combatir las pasiones y el apego a los placeres. Hay que tener un criterio propio y firme. Hay que ser libre, no ser un esclavo de los otros ni de uno mismo. 
Hay que ir hacia una visión, una perspectiva de Totalidad. Ser capaces, desde una perspectiva global, de ver nuestra pequeñez y la relatividad de nuestras pequeñas batallas ( aunque puedan parecernos grandes). Es una cuestión de espacio pero también de tiempo, por lo que el ideal es la vejez, que nos permite contemplar nuestro recorrido. El conocimiento de sí no se entiende como un conocimiento de lo interior ( deseos, afectos...) Nos conocemos como parte de la Naturaleza. Se trata de conocer cual es el juego de la naturaleza. del que formamos parte. Se trata de una mirada desde las alturas del mundo.
 En el momento de nacer elegimos vivir, igual que en la vejez que podemos elegir morir con el suicidio. Vivir y morir, en cualquier caso, son aceptar o rechazar la vida que vivimos, que es la única realmente existente. No se puede elegir la vida que queremos, se puede elegir entre vivir o no vivir ( o morir). Si entramos o salimos, en definitiva. Solo al final de nuestra vida sabremos si ha valido la pena. 

 Me llama la atención, aunque no sea algo de lo que hable Foucault, la afinidad entre lo que explica aquí y Spinoza en su conjunto. También, en este último aspecto que he comentado de Séneca, con el Amor fati y la visión del eterno retorno de Nietzsche.

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